De pronto, fue asomarse al balcón de 2012 a 2015, o al de 2008/2009, cuando le fue muy mal a los Kirchner.
Es lógico que al Frente de Todos le diera vértigo el comunicado -y más de uno sonriera porque se supone que Alberto Fernández tiene una relación cordial con algún directivo de Clarín- pero también es cierto que todos coincidieron en que salir al cruce, sin intermediarios, es lo que hacen a diario Donald Trump y Jair Bolsonaro. No fue feliz, probablemente, la comparación, pero no es triste la verdad, ya se sabe.
Resulta incorrecto afirmar que un caso refleja a todos, ya sea de un lado como del otro.
Tampoco es deseable que cese el debate porque es 'políticamente incorrecto'. Estaría muy mal habitar un mundo de 'vacas sagradas'. Ni el periodismo ni los políticos pueden exigir el trato de 'vacas sagradas'.
Sin duda, Alconada Mon tendrá su oportunidad de mantener su investigación, y estará muy bien que el diario La Nación le permita ejercer su libertad de prensa.
Pero tampoco hay motivo para prohibir que Alberto Fernández viralice opiniones de Graciaña Peñafort que, según él, arroja transparencia o claridad acerca de lo que quiso expresar. Él se siente mal interpretado.
¿Cuál es el problema que una sociedad debata acerca de corrupción, de tráfico de influencias, de construcciones judiciales y del rol de la prensa? No hay que temerle al debate siempre que sea honesto y profundo.
Una sociedad que no acepta debatir lo importante es tan trivial, insegura y precaria que carece de sentido apostar por ella.
Graciaña Peñafort es una abogada militante K que la mayoría no ubica cerca de Alberto Fernández sino de Axel Kicillof.
Alconada Mon, antes de este incidente, era el periodista del diario La Nación más citado por el Mundo K.
En cuanto a los operadores judiciales es cierto que los hay. También hay operadores políticos. Y hay operadores periodísticos. Les llaman consultores.
En una Argentina repleta de intermediarios en la cadena de la producción, resultaría llamativo que no los hubiera en otros ámbitos.
En una civilización dónde los 'influencers' marcan tendencia y son objeto de devoción popular no se entiende por qúé motivo dejarían de existir en el poder vernáculo.
Es ridículo proponer lo imposible. Todos lo saben aunque resulte maldito reconocerlo en un país que ni siquiera se animó a reglamentar el lobby o cabildeo. En fin...
Sin embargo, abruptamente, la Gran Grieta se reabrió y es el verdadero problema de Alberto Fernández porque él prometió cicatrizarla.
Bastaba con ver, en la tarde del lunes 02/12, las pantallas de Eduardo Feinmann, por A24, vs. Víctor Hugo Morales, por C5N, para comprender que el riesgo de Gran Grieta se encuentra activo.
Ambos hablaban de Cristina Fernández de Kirchner en los tribunales de Comodoro Py pero eran versiones absolutamente diferentes, sin 3ra. Vía; blanco o negro, prohibido el gris.
Hay una diferencia enorme entre debate y Gran Grieta. El gran inconveniente argentino es no lograr distinguir el límite entre uno y otro. La Gran Grieta es culto a la agresión, sin debate.
Por lo demás, mirando hacia atrás se pierde el futuro porque el pasado es tan malo que impide el porvenir.
"Ojo por ojo y el mundo acabará ciego": Mahatma Gandhi.
En algún lugar habrá que poner grandeza. De lo contrario será harto difícil. La economía en crisis es muy tentadora para imponer la Gran Grieta como pasatiempo cotidiano.
Pero sería pésimo: lo hizo Mauricio Macri y así le fue.
En tanto, el Mundo K debería recordar aquel infortunio de una tarde en Rosario cuando CFK dijo "Vamos por todo". Bienvenido el debate que siempre es mejor que el silencio cómplice o la Grieta autoritaria.