El libro se llama “Aquí no hemos venido a estudiar”, y trata de la resistencia que en plena guerra fría, llevaban los comunistas contra el dictador Francisco Franco.
El primer capítulo del texto aborda la llegada de Eva Duarte de Perón a Madrid en 1947. Cuando Franco va a su encuentro al pie del avión, ella le dice a su peluquero inseparable, Julio Alcaraz, acerca del “Generalísimo”: “Es idéntico a Caturla, el que vendía pollos en Junín. Petiso, barrigón, con pinta de almacenero. Hasta la mujer y la hija se parecen a la mujer y la hija de Caturla”. En el tramo Pergamino / Rojas / Junín hay varios Caturla con actividad profesional o empresarial, quizás alguno resulte familiar del otro Caturla. Un simple dato de color que sólo afirma que de aquellos vientos estos lodos.
La paja del trigo
Tres cuartos de lo mismo pasa con el debate sobre la interrupción voluntaria del embarazo. Miles de discursos que mueven los mimbres de las cuerdas emocionales, como no puede ser de otra forma, frente a un tema tan sensible. Pero lo que quedó en superficie al analizar la votación del viernes 11/12 a la madrugada, es el enrocamiento en posiciones claramente conservadoras de la mayoría de los diputados de la primera fuerza opositora de orden nacional.
La votación, como pasó en 2018, respondió a un orden de conciencia. Cada diputado ejerció su voto según sus parámetros religiosos, éticos o morales. El 70% de los diputados del Frente de Todos acompañó la iniciativa del gobierno; el 77% de los diputados del Pro votó en contra de la ley del aborto y el 60% de los escaños del radicalismo acompañaron al oficialismo. El apoyo de la UCR fue clave para la aprobación. ¿Existe Juntos por el Cambio?
Una vez más queda claro, con números incontestables, que el Pro abandona posiciones de disputa en torno a temas de ampliación de derechos y se concentra en un electorado rocoso, que sólo quiere escuchar en muchos casos discursos prediluvianos.
Lo que mueve el amperímetro
Hablando de lo importante, aquello donde realmente se va a jugar un partido decisivo en muchos aspectos, es el recorrido que tenga la vacuna contra la Covid-19. Una vez más esta semana hubo anuncios al respecto. El presidente Alberto Fernández dejó claro que se firmó el acuerdo con Rusia para adquirir 20 millones de dosis de la Sputnik V.
Según Alberto llegarán 600.000 dosis en diciembre y el resto entre enero y febrero. Recordemos que la vacuna rusa es de aplicación doble. Si todo funciona, a finales de febrero quedarían vacunados unos 10 millones de argentinos.
Y aquí comienzan las dudas.
En primer término, la Federación Rusa hasta la fecha no dispondría de esa cantidad de dosis para ofrecer al gobierno argentino, ya que la prioridad de los rusos es la de vacunar a su propia población. En la madrugada del sábado ruso, la web Moscu24 informó que Vladímir Putin ordenó intentar una producción más intensa, no prevista hasta ahora. Veremos.
De lo contrario, Argentina debería comprar más dosis de la Sputnik V a India y Corea, dos países con licencias para fabricarlas. Todo eso está en veremos.
Pfizer y BioNTech no aparecen en el mapa argentino. Oxford y AstraZeneca acaban de anunciar que entran en fase de ensayo clínico para la combinación con la vacuna Sputnik V: demasiadas dudas y pocas certezas.
El peligro es que la Argentina quede atrapada en la segunda ola del Covid-19, conforme se aproxime el otoño. Sería una verdadera bomba para el gobierno, que tiene una hoja de ruta relacionada con el año electoral que se avecina.
La hoja de ruta es crecer en 2021, al menos 6 puntos porcentuales del PBI, después de haber caído 12 en 2020 y, por sobre todas las cosas, cambiar el humor pesimista que se apoderó en los meses duros del invierno pasado.
Con todo esto, es fácil predecir qué carta le está escribiendo Alberto Fernández a Papá Noel y a los Reyes Magos.