También los tiene ahora: Nada menos que los técnicos del Fondo Monetario Internacional (FMI), quienes, siempre atentos a las cuestiones de “Caja” (su única obsesión) incluyeron el tema en un “paper” que despertó inquietudes respecto del futuro del régimen.
En unos párrafos referidos a medidas para una mejor recaudación impositiva que apuntale las cuentas fiscales, se señala que uno de los caminos es identificar (y, obviamente expulsar) a contribuyentes que están en el monotributo cuando deberían estar en el régimen general.
Es lo que en la AFIP (otro enemigo declarado del Régimen Simplificado) llaman desde hace años el "enanismo fiscal". Objetivo declarado de ambos: Terminar con el puente inclusivo pensado en 1998.
Con la sanción de la ley se buscó:
a) promover la incorporación al sistema de contribuyentes que operan en la economía informal,
b) Simplificar y reducir el costo de cumplimiento de las obligaciones tributarias y
c) Optimizar los recursos de fiscalización y control de la Administración Tributaria.
A la sanción de “la mejor ley posible” dedicaron su esfuerzo e inteligencia dos verdaderos “hombres de Estado”, Lamberto y Terragno. ¿Fallaron ellos, o falló la implementación?
El Sistema se pensó como un puente inclusivo que facilitara el tránsito desde la informalidad absoluta hacia la formalidad completa.
El objetivo del Sistema no se estaría cumpliendo plenamente en la actualidad. ¿Falló la idea, falla la gente o falla el país?
Antes de decidir su fulminación (por goteo o por decapitación) ¿no podría repensarse el Sistema Simplificado como una ventana de oportunidad para el debate de una Reforma Laboral, que tanto necesita nuestra economía para mejorar su competitividad?
¿Dónde están hoy los hombres de Estado, qué, como aquellos dos, (un Peronista y un Radical), sin dejar atrás sus ideas, sean capaces de poner su inteligencia al servicio de una ley de relaciones económicas laborales a la altura de las exigencias de este siglo 21 globalmente tan competitivo?
Y aprovechar el impulso y promover el debate de una Reforma Previsional y Tributaria en serio, pensada como política de Estado para los próximos veinte años.