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El momento de Cristina Kirchner 

Cristina Kirchner jugó a la ambigüedad en cuanto al rol que asumirá en 2023. Riesgo de 2003 como escenario. El falso espejo de Brasil. 

No por ambigua la definición que dio Cristina Kirchner el viernes en Pilar resulta, en términos electorales, soslayable. “Saben que yo voy a hacer, como siempre, lo que tenga que hacer para lograr que nuestro pueblo, nuestra sociedad, pueda organizarse en un proyecto de país que vuelva a recuperar la ilusión, la fuerza y la alegría de nuestra gente”, dijo en un auditorio lleno de sindicalistas y figuras kirchneristas que pidieron por su candidatura presidencial. En el kirchnerismo más duro ya se entusiasman con que el discurso de la Vicepresidente haya sido un punto de partida para una inevitable postulación en 2023. “Cristina dio un paso que abre todas las posibilidades”, celebró Andrés ‘Cuervo’ Larroque, quien milita la candidatura de CFK incluso más que su jefe político inmediato, Máximo Kirchner, quien días atrás le bajó el tono a la posibilidad de que su madre busque un nuevo mandato en la Casa Rosada. Larroque expresa al sector del peronismo que encontró en Pilar lo que fue a buscar: una definición electoral. Y aunque CFK dejó en suspenso qué rol ocupará el año que viene, sí dejó en claro que tendrá uno. ¿De qué dependerá ese papel? Será, como ella mismo reveló, el contexto el que condicione la toma de decisiones. Así fue como explicó su elección por Alberto Fernández en 2019 para que encabece la fórmula presidencial. Por eso pidió evaluar esa “decisión política” en “el momento en la que fue tomada”. Ese escenario se había configurado, relató, con persecución a opositores, un Donald Trump que parecía dirigirse a la reelección y financió a Mauricio Macri a través del FMI; y una situación complicada para sus aliados en la región. Eso vino a revertir ella, insinuó, con aquella decisión pragmática de bajarse de la disputa presidencial y encumbrar a Fernández para encolumnar así a todo el peronismo con el fin de sacar del poder a Macri o -en sus palabras- a sus políticas.

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Cristina Kirchner, el viernes en el acto de la UOM en Pilar.

Pasado, presente y futuro

Aun así, CFK hizo lo posible por no mostrarse parte de ese gobierno que ella comenzó a construir con un tuit. Al Presidente no lo nombró. Para su relato, el presente es un estorbo. “Para mí el futuro es Cristina, sin dudas”, dijo Larroque, aunque la Vice se mostró, una vez más, demasiado atada al pasado. Ella lo blanqueó en Pilar. “Vengo a hablar en nombre de lo que hicimos. Venimos a hablar en nombre de 12 años y medio de gobierno”, dijo en alusión al período 2003-2015, con lo que dejó en claro que estos 3 años del mandato que encabeza Fernández y del que es vicepresidente no entran en esa cuenta que encuentra virtuosa por donde la mire. Después de sus mandatos, dijo, no hubo “alegría” para el pueblo argentino. Ni con Macri. Ni con Alberto Fernández. Previendo algo como esto, la albertista Victoria Tolosa Paz, flamante ministra, se quejó de los miembros del Gobierno que lo critican “como si estuvieran afuera”. El único que recibió un mimo de CFK fue Sergio Massa, al que le reconoció que “está haciendo un gran esfuerzo administrando las consecuencias de lo que pasó”. ¿Cómo no saludar al ministro de Economía, que respondió a sus pedidos? Cristina reclamó que haya un mayor control de precios. Massa devolvió una investigación de la secretaría de Comercio Interior contra una docena de empresas de artículos de consumo masivo que habrían aumentado sus precios haciendo abuso de posición dominante en el mercado. Cristina dijo que era “inaceptable” que las prepagas aumentaran el valor de sus cuotas por encima de la inflación. Massa coincidió y acto seguido se desdobló el aumento, lo que arrojará una suba menor sobre el total.

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Alberto Fernández con Evo Morales en Santa Fe. El Presidente mandó a defender las PASO.

¿2015... o 2003?

Cristina y Massa son aliados en otro tema crucial: la eliminación de las PASO. El kirchnerismo lo considera esencial para desarticular a Juntos por el Cambio, cuyas fricciones tomaron mayor relevancia en la última semana con la difusión de la amenaza de la ascendente Patricia Bullrich al jefe de Gabinete de Horacio Rodríguez Larreta de “romperle la cara” . Sin embargo, Alberto Fernández sostiene el sistema de primarias con el sueño de participar. Mandó a decir a su portavoz, Gabriel Cerrutti, que las PASO implican mayor participación y por lo tanto “más democracia”. Un mensaje para el nietzscheneano Roberto Navarro, para quien la democracia “ha muerto” durante el gobierno de Fernández. Fernández podría cargar con la mochila de perder las primarias, pero no con la de que no lo dejaron participar por ser tan mal candidato. La celebración de las PASO podría tener, sin embargo, un efecto inesperado en el escenario electoral si es que, como prevé el consultor Raúl Timerman, ninguno de los principales espacios llegará como tal al proceso de 2023. Los persistentes enfrentamientos intestinos tanto en el Frente de Todos como en Juntos por el Cambio abren un signo de interrogación respecto a cuál será el paisaje de las elecciones del próximo año. Hay una suerte de consenso entre los analistas sobre que, así como está el panorama hoy, no será una elección polarizada como la de 2019. Podría parecerse más a la de 2015, con una 3ra fuerza que obtenga algo más del 20% de los votos, como lo hizo Massa aquella vez. Nada más que hoy ese lugar lo estaría ocupando Javier Milei, quien ha tenido una asombrosa recuperación en imagen e intención de voto después del bajón que le produjeron polémicas varias en meses anteriores. Otra hipótesis que barajan los especialistas es que en 2023 se produzca una regresión de 20 años y se vuelva a un escenario como el 2003, con una atomización de la oferta electoral. Como explicó el politólogo Federico Zapata, en una situación así sacan pecho las “minorías intensas”. Un negocio para Cristina Kirchner. Pero también para Mauricio Macri y el propio Milei, que de igual manera gozan de relevantes fidelidades basadas en fanatismos. El libertario, de todas formas, avisó que no dará quórum en caso de que la demolición de las PASO se trate en Diputados. Una objeción a medias para no quedar a priori como blanco fácil de JxC, que lo denunció por funcionalidad al kirchnerismo cuando estuvo ausente en la votación del artículo del Presupuesto que imponía una nueva tasa para quienes viajen en avión.

Patricia Bullrich a Felipe Miguel: "La próxima te rompo la cara"

Espejo engañoso

Las dudas sobre cómo quedarán configuradas las fuerzas que competirán el próximo año dificultan ensayar cuál será el contexto, el “momento”, en el que Cristina Kirchner deberá evaluar qué rol ocupará en el juego electoral. Cómo avancen sus causas judiciales seguramente influirá en cualquier decisión. Si ese espectro se complica obligándola a buscar fueros, disputar una banca en el Senado por la provincia de Buenos Aires -que conseguiría incluso saliendo 2da- parece la opción más probable. En el kirchnerismo, en tanto, se abrazan la candidatura presidencial de su líder. Se miran en el espejo de Brasil. Para su alivio, Lula da Silva le ganó a Jair Bolsonaro un balotaje que, vista la cortísima diferencia que sacó el del PT, tuvo más de azar que de una campaña efectiva. “Si Lula pudo, Cristina también puede”, rezaba un slogan que se vio en estos días de promoción del acto de la UOM en Pilar. ¿Qué cosa también puede? Vencer al “lawfare”, dicen, y, principalmente, conseguir un 3er mandato. Pero es un espejo engañoso. Se esperanzan en un supuesto giro de la región hacia el progresismo que los beneficiará, una tesis que ignora que lo que prolifera, en realidad, es la expulsión de los oficialismos. Y Cristina Kirchner no es sólo parte de un oficialismo que con el que la población está en su mayoría disgustada. Es también su creadora.

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