• La matrícula del nivel inicial, primaria y secundaria de todo el país se incrementó en apenas 98 mil alumnos, es decir, aumentó sólo un 1,4% en 7 años.
• La cantidad de cargos docentes, en cambio, creció un 16,7% como consecuencia de la creación de 67 mil nuevos cargos en los 7 años.
• Esto significa que en las escuelas estatales se nombraron 2 docentes por cada 3 nuevos alumnos.
Estos datos oficiales aportan indicios fuertes sobre la muy baja eficacia con la que se está administrando el inédito nivel de inversión en educación. Si bien hay excepciones, prevalece como tendencia usar la mayor parte de los recursos adicionales para contratar más docentes y aumentar los salarios, sin considerar la calificación, el esfuerzo y el compromiso de cada uno de ellos con el aprendizaje de sus alumnos. Así, se llega a que actualmente en las escuelas de gestión estatal en los tres niveles de educación hay 7,2 millones de alumnos y 465 mil cargos docentes. O sea, hay 15 alumnos por cada cargo docente.
En paralelo, las evaluaciones internacionales de desempeño educativo colocan a la Argentina en franco retroceso. Las familias perciben este deterioro y optan por enviar sus hijos a las escuelas de gestión privada. Prueba de ello es que este sector del sistema educativo explica el 80% del crecimiento en la matricula en los últimos 7 años. La masiva migración hacia las escuelas privadas contrasta con el hecho de que entre la gran mayoría de los padres prevalece un sentimiento de cariño y reconocimiento muy grande por las escuelas estatales en las que ellos mismos se formaron. El sacrificio que implica pagar una escuela privada pone de manifiesto el nivel de resignación que les genera el deterioro de las escuelas estatales sometidas a permanentes conflictos gremiales y desidia en la gestión.
En igual sentido, el estancamiento en la matricula en las escuelas estatales sugiere la baja eficacia de la Asignación Universal por Hijo como mecanismo que estimule la permanencia en el sistema educativo. Mientras que en otros países los programas de transferencias condicionadas impactan positivamente en la escolarización de los hogares más pobres, en la Asignación Universal por Hijo este efecto se diluye debido al vetusto diseño y los rústicos mecanismos de control utilizados (la Libreta de Salud y Educación).
La desidia en la gestión y la autocomplacencia ante la mediocridad parece ser la regla. Nunca se pagó tantos impuestos como en la actualidad. Pero esto no es recompensado con más y mejores servicios porque gran parte de los recursos públicos son derrochados; incluso los que son asignados a fines sociales. En este marco, resulta desolador que en el debate eleccionario siga sin emerger una toma de conciencia clara de que para tener mejor educación no alcanza con incrementar la inversión educativa sino que es imprescindible aumentar la calidad de la gestión. Esto demanda responsabilidad, profesionalidad y audacia política para abordar temas sensibles.