• En el año 2003, el 33% de los jóvenes cursaba la secundaria con sobre edad, es decir venía retrasado, y otro 13% la abandonó ese año.
• En el año 2009 (último disponible), los jóvenes con sobre edad eran el 38% y otro 12% había abandonado ese año.
• Esto significa que entre los años 2003 y 2009 el porcentaje de jóvenes que habían abandonado la escuela o cursaban cursos inferiores a los que correspondían a su edad pasó del 46% al 50%.
Si bien estos datos no cubren toda la década, debido a que el Ministerio de Educación presenta importantes demoras en su publicación, la información oficial disponible muestra que los resultados educativos están lejos de apoyar la aseveración de que se está ante una “década ganada”. En lugar de propaganda debería generar preocupación que la mitad de los jóvenes presenten serios problemas educativos dados por atraso escolar o directamente la deserción. La Provincia de Río Negro no es la excepción ya que este porcentaje pasó de 54% a 52% entre los años 2003 y el 2009; es decir, tuvo una pequeña disminución pero está todavía por encima del promedio.
En términos de desempeño educativo de los alumnos de la secundaria el retroceso también es palmario. En la prueba internacional de PISA que mide habilidades de lectura, la Argentina se ubicaba, en el año 2000, como el mejor país sudamericano con 418 puntos (sobre 500 que lograron el promedio de los países avanzados), por encima de Chile (410), Brasil (396) y Perú (327).
En el año 2009, el puntaje de la Argentina cayó a 398 puntos, ubicándose por debajo de Chile (449), Uruguay (426), Colombia (413) y Brasil (412), y muy cerca de Perú (370). El retroceso, incluso respecto a países cultural y geográficamente cercanos, es contundente y quita sustentos a los argumentos que tratan de cuestionar esta prueba internacional que ejecuta la OCDE.
Estos resultados contrastan con el enorme aumento de recursos públicos que se volcaron al sistema educativo. Según datos del Ministerio de Educación nacional, el gasto público en educación más que se duplicó en términos reales, o sea corregidos por inflación, ya que pasó de 4,1% a 6,7% del Producto Bruto Interno (PBI), en un contexto en que el PBI aumentó en un 50% en términos reales. El principal destinatario de este incremento fue el salario docente.
Es claro que en los últimos años se hizo un enorme esfuerzo para mejorar el financiamiento del sistema educativo, pero también es evidente que este esfuerzo ha sido dilapidado. Estas evidencias son de tal contundencia que sólo hay espacio para la autocrítica. Por eso, en lugar de tratar de transformar con propaganda el fracaso en éxito, la manera de aprovechar esta década es aprender de los errores cometidos.
Es fundamental no seguir en el futuro alimentando el despilfarro de recursos públicos, para ello, como primer paso, hay que lograr un consenso en torno a que la educación es un tema demasiado importante como para subordinarlo a objetivos de publicidad partidista.