La versión fue rechazada ya por el embajador argentino en el Vaticano, Juan Pablo Cafiero.
Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, rechazó además que esté "celoso" por la designación de Francisco.
"¿Celoso, yo? Ser loco es ser papa. Solamente a un loco puede ocurrírsele ser papa con todos los problemas que hay. Le deseo lo mejor, no le tengo ninguna bronca. Estoy felicísimo", dijo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales y consejero de la Comisión Pontificia para América Latina.
De este modo rechazó la versión del periodista Román Lejtman, en el diario El Cronista Comercial, quien indicó que, mediante un informe elaborado por Horacio Verbitsky y distribuido por Sandri entre algunos cardenales que participaron del cónclave reciente, el kirchnerismo buscó impedir que Jorge Bergoglio sea elegido Papa de los católicos apostólicos romanos.
Ya Juan Pablo Cafiero, embajador argentino ante el Vaticano, desmintió tanto la existencia del dossier como su participación en cualquier intento de obstaculizar el ascenso de Bergoglio.
En cuanto a Sandri, amigo tanto del senador italiano por los residentes en Latinoamérica, Esteban Juan Caselli, y del arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, es un 'peso pesado' vaticano.
Ordenado sacerdote el 02/1271967, fue vicario parroquial y secretario del entonces cardenal Juan Carlos Aramburu, quien lo envió a Roma a continuar sus estudios en 1970; ingresó al servicio diplomático vaticano en 1974. Sirvió en las nunciaturas en Madagascar y Mauricio; en la Secretaría de Estado, 1977 a 1989; y en la nunciatura en USA como observador permanente del Vaticano ante la Organización de Estados Americanos (OEA), 1989 a 1991. Administrador de la prefectura de la Casa Pontificia, 22 de agosto de 1991. Asesor de la Secretaría de Estado para asuntos generales, 02/04/1992.
Electo Arzobispo de Cittanova y nombrado nuncio en Venezuela el 22/07/1997, fue consagrado por el cardenal Angelo Sodano, por entonces secretario de Estado, asistido por el cardenal Juan Carlos Aramburu, Arzobispo emérito de Buenos Aires, y por Giovanni Battista Re, arzobispo titular de Vescovio, substituto de la Secretaría de Estado para Asuntos Generales.
Sandri fue nuncio en México -un lugar estratégico para Juan Pablo II, probablemente el país que más visitó como Papa- y de inmediato fue nombrado sustituto de la Secretaría de Estado para Asuntos Generales.
Sandri fue quien leyó los mensajes del Papa cuando su enfermedad no le permitió al pontífice leerlos, y anunció al mundo la muerte de Juan Pablo II el 2 de abril de 2005 desde la Plaza de San Pedro.
[ pagebreak ]
Benedicto XVI lo hizo cardenal en el Consistorio del 24/11/2007, y sustituyó al cardenal patriarca Ignacio Moisés I Daoud como prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales. Él es miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (Propaganda Fide), de la Congregación para los Obispos, de la Congregación para la Educación Católica, del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, de la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano y Gran Canciller del Pontificio Instituto Oriental.
El Vaticano confirmó que la diplomacia argentina en Italia redactó y distribuyó entre ciertos cardenales un dossier sucio para bloquear la posible designación de Jorge Mario Bergoglio como sucesor de Benedicto XVI. El dossier sucio, entregado a los cardenales antes del cónclave para designar al nuevo Sumo Pontífice, se urdió sobre las notas escritas por el periodista Horacio Verbitsky denunciando la presunta complicidad de Bergoglio con la última dictadura militar, pese al fallo definitivo de la justicia federal en la causa ESMA que desestimó esa acusación por falta de pruebas. El dossier sucio estaba escrito en español, llegó a ciertos cardenales a través de uno de sus colegas y tenía la finalidad de desprestigiar a Bergoglio para que no accediera al Papado.
En el Vaticano aseguran que la falsa denuncia contra Bergoglio fue cocinada por un diplomático argentino de apellido histórico en el peronismo, tramada por un legislador nacional vinculado a los organismos de Derechos Humanos y filtrada a los electores del futuro Papa por un cardenal que conoce las desavenencias entre Francisco y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
El dossier sucio es un refrito de una serie de notas de Verbitsky asegurando que Bergoglio, como Provincial de la Compañía de Jesús durante la Dictadura, empujó la desaparición de los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics, que cayeron en la ESMA por su trabajo pastoral en la villa de Flores. Los autores materiales del dossier, a sabiendas y negando la verdad histórica, evitaron agregar en su panfleto diplomático que Bergoglio enfrentó la acusación durante una comparecencia como testigo que se formalizó en el Arzobispado, duró cuatro horas y ocurrió ante los jueces Germán Castelli, Daniel Obligado y Ricardo Farías, miembros del Tribunal Oral Federal Nº 5 que entendía en la causa ESMA.
"Es totalmente falso decir que Jorge Bergoglio entregó a esos sacerdotes. Lo analizamos, escuchamos esa versión, vimos las evidencias y entendimos que su actuación no tuvo implicancias jurídicas en estos casos. Si no, lo hubiésemos denunciado", explicó el juez federal Castelli, cuando se le preguntó sobre la responsabilidad de Bergoglio en la desaparición de Yorio y Jalics. Y agregó: "No juzgamos si Bergoglio pudo haber sido más o menos valiente. La pregunta es si entregó sacerdotes o no. Y coincidimos en que no hubo razones para que lo denunciáramos".
El fallo definitivo en la causa ESMA, ocurrido a fines de 2011, terminó con las versiones que se publicaron acerca de la complicidad de Bergoglio con la dictadura. Sin embargo, ni el gobierno, ni el aparato oficial de prensa, recordaron la sentencia que condenó a Oscar Montes, Alfredo Astiz, Jorge Acosta, Antonio Pernías y Ricardo Cavallo, por el secuestro de Yorio y Jalics y la violación de los derechos humanos de otras 84 víctimas. Fue un triunfo de la democracia contra la impunidad y la muerte, pero también contra la falacia de una versión que fue rechazada por los tribunales.
El dossier sucio de la diplomacia argentina fue avalado por los sectores más conservadores de la Curia, que observaban a Bergoglio como un cardenal con vocación para investigar la corrupción en el Banco Vaticano y expulsar a los integrantes de la Iglesia acusados de pedofilia. No sirvió de nada: al Vaticano llegó rápidamente el fallo de la ESMA, y la minúscula operación del gobierno se encendió antes de la Fumata Blanca.
[ pagebreak ]
Conjurada la maniobra urdida en Buenos Aires y Roma, el Vaticano decidió terminar con la denuncia sin sustento probatorio, y ordenó que el vocero del Papa rechazara las acusaciones basadas en las notas periodísticas que ya han sido desmentidas por Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, Graciela Fernández Meijide, ex secretaria de la CONADEP y Julio Strassera, ex fiscal en el Juicio a los Ex comandantes.
El Papa Francisco cumplirá el protocolo y hoy se sacará la foto de ocasión con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el canciller Héctor Timerman, el embajador ante el Vaticano, Juan Pablo Cafiero, y la comitiva oficial. Se tomará su tiempo para reemplazar al cardenal Leonardo Sandri, actual prefecto de la Congregación para la Iglesias Orientales, aunque su suerte también ya está echada. Francisco perdona, pero no olvida.
Esteban Caselli, alias Cacho o El Obispo, inició su camino llevando la valija de Eduardo Bauzá, que ocupó la Secretaría General de la Presidencia cuando Carlos Menem llegó a la Casa Rosada. Después ascendió a subsecretario de Acción de Gobierno, conjugando con maestría sus contactos religiosos y su adoración por la Ley de la Omerta. En esa época, con muchos acusados de narcotraficantes y coimeros visitando Balcarce 50, Caselli invitaba con orgullo a sus amigos y familiares al despacho que Bauzá le había entregado por leal y silencioso. Miren, saben quien trabajó aquí, además de Caselli, decía Cacho frente a sus festejantes. Evita, remataba, mientras abría las puertas dobles de madera que daban al balcón que inmortalizó a Juan Domingo Perón.
Caselli usaba las oficinas que pertenecieron a Evita, pero no hacia militancia por los pobres. Al contrario, en pocos años junto a Menem, logró acceder a una mansión en pleno Barrio Norte que dotó de uno de los baños con mármol italiano que más elogios cosechó en los pasillos de la Casa Rosada.
En 1997, apalancado en el lobby eclesiástico, Caselli logró que Menem firme su designación como embajador argentino en el Vaticano, donde terminó de cerrar su amistad personal con Ángelo Sodano, por entonces secretario de Estado de Juan Pablo II. Desde ese momento, El Obispo, Cacho, Caselli, se transformó en el nexo más oscuro y conservador de la Iglesia Católica con los sectores de poder de la Argentina.
Cuando se desploma el Banco de Crédito Provincial en la Plata, propiedad de la Familia Trusso, Caselli hace lobby desde Roma para evitar que sus dueños cayeran presos y que la justicia revele que millones de dólares negros del Vaticano habían quedado apresados en las arcas de esa entidad crediticia. El Obispo había recomendado al banco de la Familia Trusso por sus vinculaciones históricas con el Opus Dei y Antonio Quarracino, un cardenal ultra conservador que respaldó el golpe de estado de 1976.
El apoyo de Sodano y su permanente acción política entre Roma y Buenos Aires logró que Caselli sea nombrado Gentiluomo di Sua Santita, un cargo honorífico que ratificó la influencia de Cacho en Roma. El nombramiento fue formalizado por Juan Pablo II, pero detrás del título se escondieron Sodano y el cardenal Leonardo Sandri, dos amigos afectuosos que pagan sus deudas en la tierra. Es que gracias a las gestiones de Caselli, un sobrino de Sandri fue reclutado en la SIDE, y un hermano de Sodano logró que su empresa constructora evitara la quiebra. Los tres sonrieron satisfechos cuando se colgó en la embajada argentina en el Vaticano, un cuadro de Caselli haciendo honor a su puesto de lobby diplomático. Y los tres citaron al diablo, cuando conocieron que un diplomático de carrera, honesto y profesional, decidió descolgar la pintura oficial de Cacho que se pagó con los fondos públicos. Menem ya había entregado el poder a Fernando de la Rua, y Caselli regresaba a Buenos Aires para ejercer su poder oscuro apalancado sobre la influencia de Sodano y Sandri.
Cayó el gobierno de la Alianza, y el Obispo regresó a los despachos oficiales. Eduardo Duhalde, como Presidente, lo designó secretario de Culto. Caselli mezclaba el lobby eclesiástico con los negocios, y cobrara las facturas de todos los políticos que había logrado poner en una foto junto al Papa. Hasta tuvo tiempo de vengarse del diplomático que había osado descolgar su cuadro oficial. Cacho tenía la llave para abrir el Vaticano desde Buenos Aires, y su tiempo de consulta valía oro.
Duhalde entregó la banda presidencial a Néstor Kirchner y Caselli decidió iniciar su carrera como legislador, bancado por Silvio Berlusconi, el primer ministro italiano con más denuncias de corrupción en la historia política de Europa. A Cacho no le importó: quería ser senador, y lo logró. Su primer día como parlamentario también quedará en la historia de Roma: sorprendió en el recinto de sesiones con un cocoliche muy alejado de Dante y Verdi. Apenas balbuceaba el italiano.
[ pagebreak ]
En el Parlamento de Italia dejó su firma, que ahora investiga la Fiscalía de Roma. Caselli está acusado de cometer fraude electoral en los comicios de abril de 2008, cuando hizo campaña con el sello del Partido del Pueblo de la Libertada (PDL), que regentea Berlusconi. Y tiene otro expediente abierto para determinar si actuó como mediador en el pago de una coima realizado por la empresa Finmeccanica a funcionarios de los gobiernos de Rusia, Indonesia, Brasil y Panamá, para lograr contratos multimillonarios de venta de armamentos.
La trayectoria de Caselli fue usada por el embajador argentino en el Vaticano, Juan Pablo Cafiero, para lograr que el dossier sucio contra Jorge Bergoglio llegara sin escalas a las reuniones de los cardenales que se hicieron antes del Cónclave citado para designar al sucesor de Benedicto XVI. Caselli podía compartir sus secretos con Sodano y Sandri, que ya estaban en una campaña personal para evitar que Bergoglio fuera elegido Papa. Ambos cardenales ya sabían que la posible asunción de su adversario mortal terminaba su hora de influencia en el Vaticano, y ese destino también incluía a Cacho, que años antes intentó seducir a Bergoglio con un pasaje a Roma en primera, que el actual Papa devolvió roto en pedazos al lobista más oscuro de la Curia. En ese momento, Caselli juró venganza eterna.
Cacho, el Obispo, desmintió la información publicada por este diario, y planteó un dilema que debería ponerlo al borde de una causa por discriminación: aseguró al diario Perfil, adonde se publicaron el sábado sus polémicas declaraciones, que este periodista no podía escribir del Vaticano porque no era católico. Una vuelta de tuerca al anatema antisemita que veinte años atrás, me lanzó otro dirigente cuando investigaba las relaciones de Menem con el narcotráfico. Es un judío piojoso, dijo Alberto Pierri, por entonces presidente de la Cámara de Diputados. El Inadi está en manos del Gobierno, y Menem y Caselli ahora trabajan para la Casa Rosada. No creo que haya denuncia oficial. El gobierno no comerá a sus escasos aliados.
En sus declaraciones, Caselli intentó desacreditar a El Cronista y a sus periodistas. No deberían sorprender sus juicios sin valor ético y moral. Sodano y Sandri, sus enchufes púrpuras en el Vaticano, temen que Francisco investigue lo que ellos ocultaron siendo secretarios de Estado de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Y Caselli, sin esos contactos, es un cuervo que agoniza.