La primera pregunta que surgió en los medios de comunicación es si estamos frente a una secta. La respuesta es no, pero si estamos ante un proceso de manipulación psicológica sobre la victima.
Ante la poca información que todavía hay se percibe que el hombre era el líder del insipiente grupo y tenia control sobre la mujer. Ambos se encontraban en una búsqueda espiritual, fuera de las estructuras evangélicas y en búsqueda de su propia verdad.
Hoy en día es bastante común que cada individuo crea su propia espiritualidad, sin dependencia de las grandes religiones, permitiéndose establecer sus propias reglas que mezclan un poco de todo. Ella tenía un blog llamado “Mi Vida Vale” y él otro llamado Centro Cristiano “Amar es combatir”.
Consolidado en sus ideas el matrimonio decidió empezar a ampliar el grupo. La primer víctima fue una joven mujer de 33 años que fue invitada a vivir con el matrimonio que le prometió trabajo y una mejor vida. Seguramente la mujer estaba pasando alguna crisis personal, de inestabilidad emocional o laboral con lo cual ante el “bombardeo del amor” acepto la invitación.
Ya en la vivienda sufrió todas las técnicas de manipulación y quiebre del pensamiento. Aislamiento social, presiones psicológicas, físicas, anulación de la privacidad, privación del sentido del tiempo, rechazo de valores anteriores, abuso verbal, abuso sexual, cambio de dieta y toda clase de tormento para convertirla en la primer adepta del grupo. En un texto que se encuentra en el blog de Olivera dice que “para humillarse tiene que haber un humillador y un humillado, si decimos que hay que humillarse ante Dios, el humillador es Dios”.
Lo importante es saber que cualquier persona puede vivir un proceso de manipulación psicológica y que muchos influyen indebidamente en personas hasta niveles muy significativos".
Para Silleta el Centro Cristiano Amar es Combatir no es una secta y en eso tiene razón. Se trata más bien del germen de una secta, del inicio de un grupo que intentaba coptar a su tercer miembro a través de la destrucción de su psiquis para dominarla completamente.
Llama la atención que el periodista ultra K ponga énfasis en las definiciones sobre humillaciones y Dios, sobre todo teniendo en cuenta que Cristina de Kirchner es especialista en la humillación, tratando con desprecio a gobernadores obsecuentes, funcionarios propios (en lo que a ellos respecta, ella es Dios, Cristina Dixit), al periodismo y a la oposición, a la que ha calificado de todas las formas peyorativas posibles.
Y esa manera de conducirse (y conducir), naturalmente ha generado una especie de secta que es el kirchnerismo: todo aquel que no esté dentro de sus formas o modos de leer la realidad entonces es inmediatamente calificado como un enemigo y se lo insulta, se lo humilla y descalifica de todas las formas posibles. De esas formas se conocen muchas: oligarca, zombie de los medios, apátrida, gorila, marchas del odio (?), conchetos con cacerolas, etc.
Los seguidores del gobierno, blogueros K, funcionarios públicos ultra K, jóvenes camporistas y beneficiarios de planes sociales de todas las clases, antes aleccionados y extorsionados por el gobierno, ahora siguen ciegamente los preceptos oficialistas del "modelo" aún sin observar la realidad que se les planta delante de sus propios ojos. La disonancia cognitiva de los más fanáticos K es similar a la que sufren las víctimas de una secta, que niegan su propia realidad siguiendo un discurso implantado.
Así, no importa si Menem vota para el kirchnerismo a cambio de inmunidad jurídica porque Cristina igual se encarga de desfenestrar en sus discursos al menemismo del que ella misma fue parte en los 90's. Tampoco importa que haya sido el mismo Néstor el que hizo lobby para privatizar YPF porque ahora, como si fuera la dueña de un departamento que alquiló por unos años, Cristina decidió terminar con el contrato y expropiar a Repsol. Tampoco importa que el 82% móvil para los jubilados haya quedado en la nada porque igual alguien dijo en algún momento que hay 2 millones de jubilados incluídos... Cartoneros sigue habiendo, sólo que ahora están unidos y organizados.
Y parece ser ese sentimiento de pertenencia a una secta la que hace que aún con más de un millón y medio de personas en la calle, el gobierno y sus seguidores nieguen el descontento popular y sigan señalando a los medios y a diferentes corporaciones de estar detrás de un plan de golpe de estado que nunca sucede. De hecho, hasta los propios K se niegan a sí mismos ver la realidad de que su líder les está mintiendo: con el INDEC, con la Justicia corrupta del juez "sale o sale", con su propia versión de la historia...
Y esa negación hace que tengan miedo incluso de admitir sobre sí mismos sus propios errores. El temor en las sectas es el mal, en la Argentina, hasta hace poco, era ser opositor.