Cristina Fernández de Kirchner utiliza a diario el podio en actos públicos para denostar a periodistas críticos, especialmente del grupo Clarín, criticar a opositores, ex aliados y hasta ciudadanos comunes, además de elogiar a su propio gobierno. Por lo menos una o dos veces a la semana, esos actos (muchas veces por motivos de poca trascendencia) se transmiten en cadenas compulsivas que interrumpen toda programación en canales de TV abierta, señales de TV al mejor estilo “Aló Presidente” inventado por el mandamás venezolano Hugo Chávez.
“Yo creo que la gente, con la cadena, lo que hace últimamente no es tirarla, sino hacerle zapping”, dijo Starke irónico. “A ella le ha dado el tema de los discursos en cadena en su primer gobierno algún resultado. Pero el abuso genera una contracorriente inevitable”.
Starke, quien asesora tanto a políticos en campaña como a empresas, hizo una analogía con la actuación: “Hay que pensar en los actores, que también son muy narcisistas, pero en general se retiran un tiempo de la escena luego de una temporada exitosa. Así hacen descansar un poco al público de su figura”. El consultor analizó: “Me parece que Cristina ha abusado de su protagonismo y ha cometido un error, y me parece que la cadena nacional de radiodifusión ya no tiene el mismo efecto de antes”.
Para Starke, el objetivo de presentar los hechos de gobierno mediante cadenas es el de liberarse de los intermediarios, como los periodistas, y hablarle directamente al público, por más que haya hoy una multiplicidad de medios afines al oficialismo, porque finalmente quedó en evidencia la escasa efectividad de esos medios por su baja audiencia.
Actualmente en la Argentina el grueso de las señales de TV por aire, canales de noticias por cable y radios AM y FM son abrumadoramente oficialistas aunque pocas tengan niveles de audiencia importantes. Esos canales transmiten todos sus actos, aunque no sean siempre cadenas obligatorias.
Por otra parte, la presidenta Fernández de Kirchner no concede conferencias de prensa, y ya prácticamente no cuenta con voceros. Además, nunca aborda las dos principales preocupaciones de la población, según todas las encuestas: el crecimiento de la delincuencia y la inflación, cada vez más empinada.
“Al ser ella su propia vocera, tiene otro problema”, explica Starke: “Ella tiene que ocupar todo el espacio público, y como tiene que ocupar todo el espacio, en algún momento cansa y aburre a la gente”, analiza Starke.
Legisladores de diversos partidos de la oposición plantearon mociones para que, respetando la propia ley de radiodifusión propugnada por el gobierno kirchnerista, la presidenta limite las cadenas a situaciones de extrema gravedad que lo justifiquen.
“No creo que la gente esté preocupada por el sentido antirrepublicano que pueda tener o no el abuso de las cadenas de radio y TV. Eso es algo que interesa a los que estamos en la ciencia política o el derecho. A la mayor parte de la gente no le importa en lo más mínimo”, explica Starke y agrega: “el problema es que yo creo que la presidenta terminó enamorándose de su propio personaje. Cualquier ser humano empieza a decir ‘qué buen actor que soy’, y los políticos, finalmente, son actores, y los buenos políticos, son buenos actores. Ella es una gran actriz, en el buen sentido. Pero me parece que se ha enamorado del rol que tiene frente a la gente. Por eso está teniendo excesos de confianza e incidentes, como el maltrato a un camarógrafo en medio de un acto, que se convierten en trampas mortales que pueden terminar siendo el fin de un político”.
Starke también analizó que el estilo de conducción de Cristina Fernández está “haciendo agua, y ese estilo unipersonalista y centralista en las decisiones está cansando a la gente".
Starke señaló que mucha gente ve en el gobernador bonaerense Daniel Scioli un estilo de conducción más amigable y más abierto, que se está notando en las encuestas. “A ella la notan sumamente controversial, demasiado dura, pese a que ella trata de ser más simpática, bailando o haciendo algún chiste".
Recientemente lanzó en una de sus cadenas que el gobernador bonaerense –hasta ahora un aliado- era mal gestor por no pagar los sueldos de su gobierno a tiempo, cuando en realidad era el gobierno nacional el que debía asistir financieramente a la provincia. El ataque de la Casa Rosada al gobernador peronista finalmente afectó más la imagen de Cristina Fernández que de Daniel Scioli, por lo que el gobierno nacional finalmente dio marcha atrás con su negativa de no asistir al gobierno provincial.
De todos modos, el consultor considera que la caída en la imagen de la Presidenta, que desde octubre pasado se deteriora a un ritmo constante de 2 puntos mensuales y ya estaría cercano al 40% –coinciden las encuestas-, no se debe principalmente a la saturación de las cadenas de TV, sino más bien a un cambio de humor social a causa de un fuerte deterioro de las expectativas económicas.