Las Kontradicciones no comienzan ni acaban en Once

Por DR. EDUARDO FILGUEIRA LIMA
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Las tragedias acaban con la muerte física, espiritual, económica o la destrucción de seres a quienes se les impone una condición grave e indeseada.
Las tragedias griegas tenían un prólogo, un episodio y un éxodo.
El miércoles 22/02 sucedió un episodio trágico: 50 muertos y 703 heridos, en un incomprensible accidente ferroviario en la estación terminal de Once.
Las primeras voces intentaron atribuirlo a “un error humano”... otros prefirieron callar, o ensayar cualquier explicación de momento, cierta o no, pero que no nos acerca al prólogo: para explicar cómo y porqué el episodio pudo (y debió) no ocurrir.
TBA, tal como otros muchos, ha sido un grupo que se ha mantenido siempre al calor del poder político, por medio del cual han podido pasar de solo poseer dos líneas de colectivos en 1993 al manejo de innumerables empresas de transporte, informáticas, constructoras de carrocerías, agencias de viajes, publicidad, fabricación de conversores para la TV abierta digital, etc.
Siempre es de esperar y deseable que nuestros empresarios sean competitivos, emprendedores, descubran las oportunidades del mercado, incluyan innovación permanente y mejoren tanto la calidad como los precios de sus productos o servicios, para su beneficio y el de los consumidores.
Pero no es eso lo que vemos en esta y muchas empresas que recorren el camino opuesto, su pretensión es ser subsidiadas o protegidas por el Estado (por el gobierno de turno), y esto es precisamente lo que nuestros gobiernos han hecho: proteger con barreras arancelarias (bajo el falaz argumento de defender las fuentes de trabajo nacionales) y subsidiar en forma directa con dineros del erario público.
Dos medidas –como tantas otras– que perjudican a los ciudadanos.
Los trenes recibieron más de $ 15.000 millones en los últimos 5 años y la empresa TBA fue una de las más favorecidas, sin que sus servicios mejoraran y miles de usuarios deban trasladarse en ellos en reales condiciones de hacinamiento.
La empresa descubrió los negocios con el Estado durante la década de los '90 –a través de subsidios– que le evitaban hacer inversiones con recursos propios, aunque tampoco los hicieron con ellos. Con el tiempo mantuvieron sus conexiones con el poder político y se convirtieron empresarios K, con una cadena de retornos que llegaban hasta el vértice del poder y acusados de dádivas al ex-secretario Ricardo Jaime.
A pesar de ello el ministro Julio De Vido le adjudicó a una de sus empresas (conversores para la TV abierta) en 2010 nuevas concesiones y hace dos meses la Sra. Presidente les otorgó en forma directa una operación con Quatar para comprar a ese emirato gas natural licuado por valor de US$ 80.000 millones a los mismos accionistas representantes de una empresa de colectivos !!!
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Sus negocios continuaron con la construcción de transportes por encargo y otras múltiples empresas que mantuvieron un ramal (mejor que el ferroviario) de conexiones con los funcionarios de hoy, recibiendo en el 2011 más de $ 150 millones.
El Estado debiera ser solo un buen administrador, papel que no cumple cuando dispone discrecionalmente de los recursos de todos, para subsidios que se encuentra atados a favores de grupos privilegiados, o a la compra de voluntades en aquellos inadvertidos que suponen erróneamente que el gobernante “benevolente” les está cuidando su bolsillo.
La red de complicidades incluyen la incompetencia para hacer cumplir los contratos, que se suponen en beneficio de terceros,… muchos de los cuales han sido grandes victimas hoy y son pequeñas víctimas diarias.
La Auditoría General de la Nación en su actuación Nº 17 ya había advertido de la situación y que ni la empresa ni la Secretaría de Transporte habían mejorado las fallas observadas en el servicio.
Lo más lamentable es que funcionarios de primera línea – vía redes sociales – hayan tratado de deslindar las responsabilidades del gobierno.
¿Quiénes sino han sido cómplices de la ineficiencia... de la perpetua desidia y de la negligencia de estos pseudo-empresarios?
¿Quiénes y cómo repararán las pérdidas... las vidas... las secuelas... y todo tipo de consecuencias inmediatas o alejadas?
Un episodio que pudo no suceder si no hubiera habido un proceder tan negligente.
Los argentinos estamos perdiendo los prólogos.… sufrimos los episodios pero no podemos distinguir que son las acciones o inacciones del gobierno y sus socios, las que nos conducen a ellos: las acciones interesadas de quienes perpetúan contratos con quienes no invierten, no mejoran sus servicios, no prevén los “riesgos” y los minimizan, porque tienen cautivos a sus usuarios y su rentabilidad asegurada.
¿No fue Néstor Kirchner quien nos convenció de que desarrollaría y multiplicaría nuestras vías férreas?
¿No se esforzaron en discursos y proyectos del tren bala?
¿Cuántas son las preguntas que quedan sin respuesta?
¿Cuántos son los discursos demagógicos?
¿Alguien de los que toman las decisiones políticas evalúan el perjuicio al que someten a la sociedad?
¿Cuánto es el daño por el que nadie responde?
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¿No son los gobernantes generosamente elegidos – y de lo que se vanaglorian – los que deberían ser buenos administradores?,.. pero ¿por qué serlo?: si no existe ningún grado de corresponsabilidad entre las decisiones tomadas y sus consecuencias indeseables, con su patrimonio personal.
Lo mismo sucede en otras áreas en las que interviene el gobierno ya se trate de salud o de educación, o de fuentes energéticas, u otros servicios… todos los incentivos marchan a contramano de los intereses de los ciudadanos, que se acostumbran a ello.
Se piensa que los hechos son así porque no pueden ser de otra manera... o porque eso es lo que necesitan... o lo que merecen: el gobernante “benevolente” ha posibilitado que viajen, que se asistan, que sus hijos estudien... y no perciben que el deterioro es creciente, como lo es nuestra democracia devaluada.
El prólogo siempre es la irresponsabilidad, la complicidad y la ausencia. El episodio es lo que todos sentimos por las pérdidas de hoy – que llamamos tragedia, aunque es solo una inaceptable consecuencia de complicidades – y las continuas pérdidas de todos los días que son las “no sentidas” tragedias cotidianas.
¿Qué le importa de esto al poder político?: solo el silencio y un simbólico decreto de dos días de duelo. De cualquier manera tienen dos años para que olvidemos y volver a convencernos que nuestras dolencias son su preocupación, que su proyecto es superador, por lo que debemos otorgarles nuestro voto y confianza.
Pero las tragedias griegas tenían un éxodo y en nuestro caso (de continuar por el mismo camino), se trata de un destino lleno de sombras.