Se cree que llegó a Europa desde Asia aprovechando las rutas comerciales, y se calcula que mató a alrededor la mitad de la población europea (entre 25 y 50 millones de muertos). Fue causada por una cepa de la bacteria Yersinia pestis, que esté muy probablemente extinguida para el día de hoy, y que se transmitía a través de parásitos como pulgas y piojos que vivían en ratas, otros roedores y en los propios humanos. Los cuerpos de las víctimas fueron enterrados en fosas comunes. La plaga cambió el curso de la historia de Europa, apunta LiveScience. "Con tantos muertos, era difícil encontrar trabajadores, lo que hizo que aumentaran los salarios y puso fin al sistema de servidumbre europeo."
3. La peste antonina (165-180)
Absolutamente devastadora, la infección se desató en el Imperio Romano y probablemente haya sido viruela traída por los soldados que volvían de combatir en Oriente Próximo. Otros creen que la enfermedad puede haber sido sarampión. No hay consenso entre los historiadores. Se estima qe mató a más de 5 millones de personas. La epidemia contribuyó al fin de la "Pax Romana", el período en el que Roma gozó de mayor poder y estabilidad. A partir de ahí, el Imperio comenzó a recibir cada vez más ataques de grupos "bárbaros". El fin de la plaga coincidió con la creciente popularidad del cristianismo. La antonina fue solo la primera de otras plagas que vendrían y que historiadores coinciden en que fueron un elemento clave en el derrumbe del Imperio Romano.
4. La peste justiniana (541-542)
El epicentro del brote fue Constantinopla -actualmente Estambul-. Afectó al Imperio Bizantino (Imperio Romano de Oriente) y toma su nombre del Emperador Justiniano (527-565). Bajo su dominio, ese Imperio alcanzó su máxima extensión, controlando territorio desde el Medio Oriente hasta Europa Occidental. Sin embargo, marcó el principio del fin. El origen, se cree, fueron las ratas que llegaban desde distintos rincones de Eurasia en los barcos mercantes, portadoras de las pulgas infectadas con la peste bubónica. El emperador Justiniano también se enfermó pero sobrevivió. Su imperio comenzó a perder territorio a partir de esta peste.
5. La epidemia Cocolitzli (1545-1548)
Surgida en el Valle de México, se trató de una fiebre hemorrágica de origen desconocido que se extendió como una onda expansiva y mató a 15 millones de habitantes de México y América Central. Azotó a una población ya debilitada por la sequía y fue catastrófica. "Cocolitzli" es la palabra azteca para "peste". Es considerada una de las plagas americanas (ver más abajo). Un estudio reciente examinó el ADN de los esqueletos de las víctimas y halló que estaban infectados por una subespecie de Salmonella conocida como S. paratyphi C, que afectó al Virreinato de Nueva España desde julio de 1576 hasta inicios de 1577.
6. Las plagas americanas (siglo 16)
Las plagas americanas son una serie de enfermedades de Eurasia traídas a las Americas por los conquistadores europeos. Estas infermedades, incluida la viruela, fueron un elemento clave en el colapso de las civilizaciones azteca e inca, explica el portal LiveSciece. Los ejércitos azteca e inca estaban muy debilitados por esas enfermedades, lo que les impidió hacer frente a las fuerzas lideradas por Hernan Cortés en México y Francisco Pizarro en Perú.
7. La plaga rusa (1770-1772)
La plaga rusa mató a 100.000 personas y provocó fuertes disrupciones sociales, con actos de violencia. En Moscú, el pánico se adueñó de los ciudadanos bajo cuarentena y culminó en el aesinato del arzobispo Ambrosius, quien pedía a la gente no juntarse en congregaciones a rezar. Catalina la Grande, entonces emperadora, estaba tan desesperada por frenar la infección que ordenó que todas las fábricas fuesen mudadas de Moscú. Sin embargo, Catalina se negaba a admitir la epidemia en público. Las cartas al gobernador de Moscú evidencian que estaba perfectamente al tanto del grave riesgo que presentaba. Cuando terminó la plaga, que llegó a llegar hasta Polonia y Ucrania, a la emperadora le costó mucho restaurar el orden. En 1773, Yemelyan Pugachev, un hombre que clamaba ser Pedro III (el marido ejecutado de la emperadora) lideró una insurrección que llevó a miles de muertes más. La plaga rediseñó el mapa de Moscú, ya que nuevos cementerios tuvieron que ser establecidos fuera de los límites de la ciudad.