La decisión de Aerolíneas Argentinas acerca de quitarles el beneficio a sus trabajadores, que tienen por convenio laboral, no responde al incremento de la demanda como podría suponerse en favor de reducir el déficit anual, sino a que, muchos de ellos, quienes viajaron en los vuelos que transportaban coterráneos al país del norte, aprovecharon y volvieron vacunados.
Ese es el punto. La empresa que conduce, Pablo Ceriani, entendió cómo se vería que sus empleados, y grupo familiar, de la aerolínea que gasta fortunas en trae vacunas e insumos desde Rusia y China, se vacunen en Estados Unidos. Por lo menos resulta una inequidad.
Al parecer la iniciativa, en apariencias revolucionaria, nació fuera de la compañía, más precisamente, del gobierno nacional ya que no va en línea con las medidas que se tomaron para desalentar los viajes al exterior y, menos aún, con la épica que se vendió.
El presidente, Alberto Fernández, fue el principal artífice de que los viajes al exterior se redujesen lo máximo posible. Es por lo que existen tantas restricciones actualmente. Para la línea administrada por el Estado los vuelos a destinos poco comunes se transformaron en actos políticos, casi gestos heroicos, en especial por parte de alguno de sus protagonistas, como Pablo Biró, titular de la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA).
El comandante se mostró en la partida del primer vuelo a Moscú, cuasi una epopeya que será recordada por el enfático relato del periodista Víctor Hugo Morales y que fuera transmitido por una señal de cables muy afecta a los sectores K. Así un simple despegue se convirtió en un relato deportivo-político y hasta obtener la calificación de “vuelo de la esperanza”.
Para el aterrizaje, también para los medios, Biró tomó las riendas del A330 de Aerolíneas Argentinas. Allí lo esperaban periodistas convocados por la compañía, miembros del Gobierno Nacional y una comitiva de “La Cámpora”.
Lo cierto es que alguien descubrió, desde los despachos oficiales, que no era nada bueno que los empleados de la línea se vacunaran en Miami, bajo el paraguas de los viejos beneficios que la compañía daba a sus dependientes, cuando desde los lugares de trabajo se ocuparan de señalar a quienes viajaran para hacerlo. Fuera político o simple anónimo ciudadano.
En el medio de tanto despliegue de ventajas héroes y víctimas del color que fueren, se mezclaron los afectos deportivos que buscarían alentar a quienes, horas después, deslumbrarían con su gambetas en Madrid argumentando que los Libertadores necesitaban ser más un trofeo para el ganador.
Si la medida se puede sostener en el tiempo, será un triunfo para la actual conducción de la compañía estatal ya que varios años antes otros ejecutivos no pudieron lograrlo. Es de imaginar que el próximo capitulo lleve a los gremios como principales actores. Aunque la duda será si tienen poder para hacer lo mismo de antes cuando los gobiernos vestían otras camisetas. En definitiva una parte de los pasajes salen de los bolsillos de aquellos argentinos que pagan sus tributos cada vez que pueden.