“Nadie quiere poner el gancho. Las firmas son pesadas y el sueldo no lo acompaña”, describe otro referente libertario. En varios ministerios aseguran que las renuncias y los pases al sector privado aumentaron en los últimos meses. El diferencial es enorme: un ministro percibe cerca de $3,5 millones, mientras que un gerente medio en el sector privado ya supera cómodamente esa cifra.
“Hay subsecretarios manejando presupuestos gigantes, firmando resoluciones sensibles, y cobrando menos que un jefe administrativo en una empresa”, grafica un asesor que admite estar pensando en dejar su cargo.
El contraste que irrita a a los funcionarios del Gobierno: el sueldo de un senador
Entre las comparaciones que más molestan está la diferencia con el Congreso. Mientras un ministro del Poder Ejecutivo gana alrededor de $3.584.000, un senador nacional percibe unos $9.500.000. El Presidente, por su parte, ronda los $4 millones brutos, cifra que también quedó rezagada frente a la actualización automática que tuvieron otros poderes del Estado.
Un secretario cobra cerca de $3.282.000 y un subsecretario apenas $2.981.000, valores que quedaron completamente desactualizados frente a la inflación del período.
El dilema de Milei: recomponer o sostener el discurso anti-casta
Aunque en el Gobierno reconocen que la recomposición es inevitable, el problema es político. La narrativa libertaria (austeridad, motosierra, fin de la “casta”) convierte cualquier aumento salarial para funcionarios en un riesgo de desgaste público.
A eso se suma que la Casa Rosada planea nuevos recortes para 2026, incluidos ajustes del 10% en la estructura del Estado y la simplificación de organismos. La imagen de un gabinete recibiendo aumentos mientras se anuncian despidos podría generar un costo político que Milei no está dispuesto a pagar sin medir cada detalle.
La presión interna ya no se oculta
Pese a las resistencias, en el entorno presidencial admiten que “la situación está al límite” y que una recomposición podría llegar antes de fin de año. No solo para evitar más renuncias: también para garantizar que los lugares clave del Ejecutivo puedan ser ocupados por profesionales calificados.
“Si no ajustan los sueldos, el Estado se va a quedar sin gente capaz de tomar decisiones complejas. Es así de simple”, resume un funcionario que ya presentó su renuncia una vez este año.
La pelota está en manos del Presidente. Y en un Gobierno donde cada gesto se mide milimétricamente, cualquier movimiento puede despertar críticas tanto afuera como adentro.
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