El desafío K
Al otro lado del tablero, Unión por la Patria arriesga más de la mitad de su bloque. De las 34 bancas que controla José Mayans, 15 están en juego este año. Entre ellas, las de figuras de peso como Mariano Recalde en la Ciudad de Buenos Aires o Cristina López en Tierra del Fuego.
El peronismo confía en retener buena parte de su poder territorial, pero la fragmentación en provincias clave y la ofensiva libertaria ponen en riesgo su predominio. Si el oficialismo logra arrebatarle escaños en distritos donde históricamente el kirchnerismo dominó, la Cámara alta podría experimentar un giro político sin precedentes en dos décadas.
Una pulseada de fondo
Lo que se juega en octubre no es solo la composición del Senado: también está en disputa el control político de la agenda parlamentaria. Con un bloque más robusto, Milei dejaría de depender de intermediarios como Guillermo Francos y abriría una línea directa con legisladores leales a la Casa Rosada.
Karina Milei, convertida en la principal armadora del oficialismo, busca garantizar que ningún movimiento en el Senado quede fuera del radar presidencial. El plan tiene un doble filo: asfixiar al kirchnerismo en su bastión histórico y, al mismo tiempo, dejar a Villarruel sin capacidad de maniobra propia.
En esta estrategia, los hermanos Milei se juegan mucho más que una elección: se juegan el control de la Cámara donde se definen los grandes consensos y las resistencias. Y, sobre todo, el futuro equilibrio de poder dentro de su propio espacio.
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