En las últimas horas, dirigentes de Evolución y referentes de Provincias Unidas —entre ellos Pullaro, Valdés y el gobernador jujeño Carlos Sadir— avanzaron en un acuerdo para impulsar formalmente la candidatura del santafesino.
La votación y las tensiones internas en la UCR
La definición quedará en manos de los 102 delegados del Comité Nacional, que representan a las provincias y a los órganos partidarios —Juventud Radical, Franja Morada, Foro de Intendentes, OTR y UCR Diversidad—. Para iniciar la sesión se requieren 52 asistentes, un número que, según fuentes internas, ya estaría garantizado.
Sin embargo, nada se descarta. Sectores vinculados al gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, todavía no blanquearon qué postura adoptarán. Su nombre también había sonado con fuerza en las últimas semanas como eventual sucesor de Lousteau, especialmente tras el contundente resultado que obtuvo en su provincia. Pero esa victoria, lograda con una alianza electoral junto a La Libertad Avanza, generó reparos dentro del radicalismo tradicional, que teme un acercamiento excesivo al Gobierno nacional.
Esa dualidad terminó debilitando sus chances: la posibilidad de capitalizar el triunfo convivió con el riesgo político de quedar ligado a una estrategia que no todos dentro del partido comparten. Además, su entorno admite que Cornejo evalúa concentrarse en la política mendocina y evitar frentes internos que podrían complicar su liderazgo provincial.
Otro actor en silencio: el abadismo
El sector que encabeza el senador Maximiliano Abad se ha mantenido voluntariamente en los márgenes de la discusión. La prioridad del dirigente bonaerense pasa por reorganizar la UCR en su provincia, donde la interna judicializada dejó una conducción partida entre Pablo Domenichini y Miguel Fernández, un conflicto que todavía no encuentra resolución definitiva.
Con un escenario nacional abierto, sin un bloque monolítico y con liderazgos que prefieren no arriesgar capital político, crece la posibilidad de que la conducción quede finalmente en manos de una figura emergente.
Un posible giro generacional
Si se confirma su designación, Chiarella se convertirá en uno de los presidentes más jóvenes del partido en las últimas décadas. Para varios dirigentes, su eventual llegada al Comité Nacional sería un mensaje hacia afuera —renovación, territorio, gestión— y hacia adentro —consenso entre líneas internas que vienen de años de disputas—.
El radicalismo, dicen en su entorno, necesita una cara que no arrastre conflictos previos, que no esté atada a derrotas electorales recientes y que pueda ser un punto de encuentro ante un peronismo fragmentado y un oficialismo nacional con el que la relación será inevitablemente tensa.
Este viernes se sabrá si los delegados optan por ese camino o si aparece una sorpresa de último momento. Pero todo indica que la UCR está a las puertas de elegir a un nuevo conductor con un perfil distinto al de los últimos años: joven, territorial y sin compromisos nacionales que condicionen su liderazgo.
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