Desde La Plata, sin embargo, defienden la jugada: “Si no se desdoblaba, hoy ni siquiera estaríamos discutiendo esta elección. Lo de septiembre nos dio aire y ahora vamos por consolidar ese voto”, aseguran en el entorno de Kicillof, que intenta mantener la calma y bajar el tono a las diferencias internas.
En el kirchnerismo duro, en cambio, hay malestar con la falta de un mensaje unificado y con la “tibieza” del discurso frente al avance libertario. “La gente necesita que Cristina aparezca, que hable, que ordene. Es la única que puede volver a encender el fuego militante”, expresó un referente de la Primera Sección.
El factor Milei y el intento de reacción
En el peronismo reconocen que parte del repunte de La Libertad Avanza se debe a la figura del propio Javier Milei, que se metió de lleno en la campaña bonaerense con recorridas y apariciones junto a sus candidatos. Su presencia generó impacto en sectores desencantados con la política tradicional y reforzó el voto opositor en zonas donde el kirchnerismo solía ganar sin dificultad.
El crecimiento del oficialismo nacional en los sondeos hizo que, dentro del PJ, empiecen a hablar de un “efecto polarización”: un llamado al voto útil para frenar a Milei y evitar que avance sobre el territorio bonaerense.
“Está claro que la estrategia de Milei es provincializar la elección y aprovechar el enojo social. Por eso necesitamos que Cristina y Axel vuelvan a ser el eje del discurso, que muestren unidad”, resumió un intendente del conurbano sur.
La carta final: unidad y llamado al voto
Con ese diagnóstico, en las últimas horas creció la presión para que Cristina Kirchner y Kicillof aparezcan juntos antes del domingo. Algunos dirigentes piden un acto compartido o al menos un mensaje grabado en el que ambos llamen a votar masivamente.
El temor principal pasa por el ausentismo, que según proyecciones oficiales podría rondar el 30%. “El voto peronista se gana en la calle y con emoción. Si la gente se queda en la casa, perdemos”, sintetizó un funcionario de la Gobernación.
Mientras tanto, en los equipos de campaña trabajan contrarreloj para ajustar la comunicación y reforzar la presencia territorial. La consigna de estos días es clara: cerrar filas, bajar tensiones y movilizar a la base peronista.
El domingo 26 será la prueba final. En el peronismo lo saben: una diferencia mínima en la provincia puede cambiar el mapa político nacional.
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