El problema es que ese porcentaje, que encuestadores ubican en dos dígitos, apenas por encima del 10%, ya votó contra CFK en 2015 y en las PASO del pasado 11 de agosto votó a Fernández contra Macri, por lo que no tendría ningún empacho en cambiar de opción si ve amenazada la estabilidad política del país.
"Ese público es el que más nervioso se pone con ciertos mensajes, pero Alberto debiera dejar de confrontar e incluso hacer una pausa como hizo CFK, porque el que mucho abarca poco aprieta", resumió un encuestador a Urgente24.
A su vez, el discurso oficialista le está advirtiendo que "la elección pasada sólo fue una PASO pero ahora se juega todo", por lo que eso puede hacer un click en esos votantes que entienden que no hay vuelta atrás una vez el resultado del 27 de octubre. "Seguramente, no votarán a Macri pero sí a otro candidato y eso complica a Alberto porque se leerá como una derrota en el propio Frente de Todos y algunos opositores, ya que su único norte hasta las Generales es aumentar el porcentaje obtenido e incluso superar el 54% de Cristina", agrega el analista.
Es que Alberto no puede bajo ningún punto de vista cometer el mismo error que cometió Macri en 2015: creer que el porcentaje le pertenece y que la gente votó a Alberto sino que en las PASO se vio una conjunción de cosas. Está el que votó a CFK, luego el que votó la lista completa de su gobernador o intendente, está el que votó contra Macri y está el que lo votó a él por su moderación. Si Alberto F. no logra comprender eso, lejos estará de ofrecer las soluciones concretas que ese electorado le reclama y, entonces, comenzará su desgaste incluso antes de culminar los 100 primeros días clave de gestión en un eventual gobierno.
La caída de la actividad económica y la inflación, que se encargaron de destruir el salario a lo largo de 10 años generaron un humor social al que ya le queda poco margen para malos diagnósticos.