En cuestión de horas, el rechazo masivo de los partidos no oficialistas y de casi todo el mundo relacionado con las leyes despertó los más profundos temores de la clase media urbana que considera que la independencia del Poder Judicial es un condimento imprescindible para limitar el avasallamiento de los derechos individuales de Cristina Fernández y suministrar la escasa, la mínima sensación de seguridad que existe.
En un primero momento, la Casa Rosada celebró que las fuerzas opositoras no se presentaran en las comisiones parlamentarias en el Senado y en Diputados que tenían que dictaminar sobre los proyecto de Ley redactados por el kirchnerismo. Desde el punto de vista comunicacional, creyeron que se impondría el discurso único oficialista, abriendo la puerta a la aceptación dócil de las propuestas por parte de la opinión pública.
Pero el pataleo cuasi infantil de diputados y senadores opositores en los pasillos del Congreso, el llamado a una movilización el día de la votación de las propuestas oficiales y salir a la calle a juntar firmas para presentar un documento de rechazo a la propuesta presidencial, puso en blanco y negro la impotencia legislativa que tienen las bancadas no oficialistas para frenar las iniciativas de la Casa Rosada, es decir, la debilidad política se expresó en una virtual “expulsión” de las oposiciones del Congreso.
Así, por primera vez desde que el matrimonio Kirchner gobierna, la incapacidad de las oposiciones de doblegar, de limitar, de impedir las leyes más osadas del cristinismo se hizo visible y la expresión “minoría parlamentaria” fue tangible, palpable, no sólo para el 46%.
Una cosa es desgañitarse desde una banca sin que nadie preste atención a la discusión parlamentaria, otra es ver que los diputados y senadores opositores tomar la calle para expresar una protesta ante la imposibilidad de poder negociar una coma de los textos oficiales con la Casa Rosada. Un velo que se corrió de los ojos de los votantes opositores.
“Saber”, “conocer” y “entender” no es lo mismo que “ver” corporizados los conceptos abstractos que implican un sistema democrático liberal. Pero cuando se visibiliza la posibilidad de pérdida de esos valores, asume toda su crudeza la idea de perder, nuevamente, el sistema democrático. Y eso era lo necesario para gatillar el llamado a la movilización del próximo jueves 18 A, una protesta, un cacerolazo, una marcha citada hace un mes, pero que no había generado adhesión y consenso en la clase media.
En la Casa Rosada reconocieron de inmediato el peligro que implica una exitosa movilización, una nutrida manifestación opositora justo cuando las encuestas han vuelto a colocar a Cristina Fernández en la senda declinante de su imagen positiva e intención de voto. Por eso, para cuando la gente invada las calles, la Presidente de la Nación estará en Venezuela para la jura de Nicolás Maduro como nuevo mandatario de Venezuela, si es que sale electo en la votación que se realiza por estas horas.
Los resultados de las encuestas son demoledores: Cristina Fernández ha sufrido la mayor pérdida de imagen positiva por las inundaciones en la capital federal y La Plata que los propios Jefes de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires o el Gobernador bonaerense.
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Pese a que nadie quiere dar a conocer encuestas en forma oficial, sobre todo, para no desatar las furias de la Casa Rosada, los datos recogidos en los últimos 10 días confirman que la Presidente de la Nación rompió la meseta en que se encontraba desde octubre pasado. Por su parte, el Gobernador de Buenos Aires y el Jefe de Gobierno porteño también fueron arrastrados por su inacción frente a los dos diluvios.
En números gruesos, Cristina Fernández habría perdido entre 6 y 8 puntos de imagen positiva con respecto a fines de febrero, según la consultora que haya realizado el estudio; mientras que Daniel Scioli y Mauricio Macri habrían resignado entre 3 y 5 puntos porcentuales cada uno de ellos, en su respectivo distrito, una cifra menor, si tenemos en cuentas las dimensiones de las pérdidas registradas.
Tan malos fueron los primeros resultados obtenidos por las consultoras que trabajan para la Casa Rosada, que Cristina Fernández tuvo que visitar el domingo pasado La Plata, con el fin de mostrar su interés por los afectados por las inundaciones.
La decisión de la Casa Rosada dejó muy mal parado al Gobernador de Buenos Aires, que el fin de semana pasado se refugió en su quinta La Ñata, con su comité de crisis y Futsal, y neutralizó la visita que el Jefe de Gobierno porteño estaba haciendo por esas horas en la zona del barrio Los Piletones.
Ver a dos líderes políticos trabajando un domingo para poder salir con sus fotos en la tapa de los diarios del lunes muestra las dimensiones del temor que tienen los equipos políticos de la pérdida de votos que los dos diluvios pudieron causar. Hoy, Cristina Fernández, Daniel Scioli y Mauricio Macri coinciden que las 3 gestiones deben ser relanzadas, con el fin de recuperar parte de la imagen positiva y votos perdidos.
Cristina Fernández tuvo su anuncio oficial. Daniel Scioli resolvió firmar el decreto para llamar a elecciones al mismo tiempo que la Nación, obligando a la Casa Rosada a cumplir con su promesa de realizar las primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias. Sin duda, una movida hábil para condicionar la estrategia electoral de la Presidente de la Nación. El único que ha quedado paralizado es Mauricio Macri, que sólo atinó a reaccionar cuando presentó a Alfredo de Angelis como candidato a senador del PRO en Entre Ríos, algo que ya estaba agendado con anterioridad.
Ahora, con la movilización del 18 A, el Jefe de Gobierno porteño se sumará al llamado que hizo la oposición y el PRO para participar del cacerolazo y la marcha, la duda es si Daniel Scioli hablará del tema en la semana, dado que sería de alto riesgo político no mostrarse cercano a una protesta que puede llegar a ser tan importante como el 8N.
La decisión de la oposición de no presentarse en las sesiones donde se trate el paquete de leyes de colonización de la Justicia puede ser otro golpe mediático muy duro contra Cristina Fernández. La imagen de medio recinto del Senado o de Diputados con las sillas vacías quitará toda legitimidad a las normas que intentan someter al Poder Judicial al Poder Político, abriendo la puerta para ser declaradas inconstitucionales.
La estrategia elegida por las fuerzas opositoras, si la cumplen todas y no hay traiciones o “panqueques”, será una gran demostración de resistencia pasiva, que tendrá un inmenso costo político para Cristina Fernández, cuando por el paquete de leyes anunciado, la Casa Rosada creía que iba a ser ganancia pura. La tostada, puede caer del lado de la manteca.
Para peor, el anticipo de que la Cámara en los Civil y Comercial declarará la inconstitucionalidad de la Ley de Medios Audiovisuales no sólo es un éxito en la estrategia judicial y de lobby del Grupo Clarín, fue tomada como el primer signo de rebelión y protesta de un Poder Judicial que considera que la Casa Rosada pasó todos los límites institucionales.
La idea de Cristina Fernández de politizar la Justicia, en el fondo, tuvo una respuesta política: los colegios de abogados, las asociaciones de magistrados y fiscales, gran parte del mundo académico relacionado con la Justicia han expresado la necesidad de declarar inconstitucional la mayoría de las leyes que el Congreso se apresta a aprobar.
Cristina Fernández quiso crispar y crispó al mundo judicial. Quiso dividir las aguas y descubrió que es minoría en el universo legal. Justicia Legítima expuso un colectivo minoritario con gran presencia mediática, pero lejos acumular el poder necesario para transformar la Justicia, su exposición lo debilitó. Su sometimiento al poder político los deslegitimó.
Cristina Fernández y el kirchnerismo quisieron convertir al campo en una fuerza destituyente y terminaron por caer en el ridículo. Cristina Fernández y el kirchnerismo quisieron convertir en una fuerza destituyente al Grupo Clarín por resistir al desguace diseñado en la Ley de Medios y terminaron por caer en el ridículo. Ahora, Cristina Fernández y el kirchnerismo buscarán convertir a la Justicia, sobre todo a la Corte Suprema, en una fuerza destituyente y volverán a caer en el ridículo.
El peligro de la estrategia oficial es que, en sus peleas simbólicas y mitificadora, arrasan con valores y acorralan instituciones. Sin embargo, ahora, en su cruzada por colonizar la Justicia, Cristina Fernández, que redujo el número de miembros del Consejo de la Magistratura para controlarlo busca subirlos para, ahora sí, someterlo; quizás decida que la misma Suprema Corte que eligió ya no le sirve y busque desplazarlos.
Sin duda, una medida de este tipo será un gravísimo retroceso para la Argentina como país democrático. Pero, al mismo tiempo, puede atentar en contra de la propia Presidente de la Nación dado que, no debe olvidarse, que las revoluciones, suelen se “comerse” a sus protagonistas.