En cambio Cristina Fernández de Kirchner cuestionó a su marido la elección de Scioli porque lo consideraba demasiado 'noventista' aunque -subestimándolo- coincidió en que, en teoría, podía ser disciplinado. La disputa que en febrero de 2013 tiene otro capítulo de la saga, cumple 10 años.
Algunos recortes dominicales:
"(...) La rebelión docente cumple no obstante un servicio importante al gobierno. Erosiona a Daniel Scioli, el candidato con mejor imagen para suceder a Cristina Fernández y terminar con el kirchnerismo. Por eso la Casa Rosada redobló la presión para doblegarlo, asfixiándolo financieramente. El gobernador ha evitado el enfrentamiento directo con la presidenta, pero todo indica que se acerca el momento de tomar una decisión: o se somete y le dice adiós a su candidatura para 2015 o da batalla electoral contra el kirchnerismo este año, aunque le cueste una fuerte sequía de fondos para desarrollar su gestión.
Horacio Verbitsky, desde el kirchnerismo cristinista que difunde Página/12, aporta varios datos valiosos: desde la confirmación que
Alejandro Arlía y Silvia Batakis son kirchneristas antes que sciolistas, osea interventores antes que colaboradores; a
la confirmación que habrá rescate bonaerense a cambio de que Scioli permita que Cristina defina las listas bonaerenses a su antojo:
"(...) Scioli ni siquiera se preocupó por reunirse con los sindicalistas docentes para comunicarles sus dificultades. No menos curioso es el método que escogió para impulsar su reclamo: una audiencia pedida en diciembre por su jefe de gabinete, Alberto Pérez, al presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez. Difícil imaginar peor puerta: por un lado, la coparticipación no se inicia en esa cámara sino en la de los senadores, pero además Domínguez es la primera espada que se blandió para cortar las alas del sueño presidencial del gobernador.
En febrero, Domínguez fue uno de los organizadores del encuentro de intendentes que desde Santa Teresita recriminaron los pujos autonomistas de Scioli. Cuando ocurrió lo que no podía ignorar que ocurriría, Scioli volvió a señalar hacia la Casa Rosada, ahora con la acusación de que no le permitían endeudarse para cumplir sus compromisos.
Igual que el año pasado, quien respondió al lloriqueo bonaerense fue el ministro de Economía Hernán Lorenzino, no por un improbable ataque de institucionalidad, sino por su conocimiento de primera mano de las cuentas provinciales y del personal a cargo.
Durante su presidencia, Néstor Kirchner formó un equipo encargado de supervisar las cuentas del gobernador Felipe Solá. Lo encabezaba Carlos Fernández y además de Lorenzino lo integraban Alejandro Arlía y Silvina Batakis, quienes hoy son los ministros de Infraestructura y de Economía de Scioli.
En julio de 2012, Lorenzino expuso que el deterioro fiscal bonaerense comenzó con la asunción de Scioli y se cubrió con endeudamiento tal como hacía la Argentina en la década de 1990.
Durante el primer cuatrienio de Scioli, mientras el resto de las provincias tuvieron un superávit de 7.500 millones de pesos, Buenos Aires padeció un déficit de 13.500 millones, en ambos casos primario.
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Los compensó con un incremento del 64 por ciento de su deuda, contra 25 por ciento del resto del país, al mismo tiempo que la Nación se desendeudaba y aliviaba el endeudamiento de las provincias, Buenos Aires la primera.
En vez de incrementar la presión tributaria, como el resto de las provincias, Scioli extrajo recursos a los más pobres, con el impuesto a los ingresos brutos, y subsidió a los más ricos. En ese lapso los impuestos inmobiliarios rural y urbano pasaron de aportar el 10,9 al 6,6 por ciento del total de la recaudación provincial, lo cual puede compararse con el 16,9 por ciento de Entre Ríos, donde el crecimiento de la recaudación total rondó el 50 por ciento.
(...) En cambio en Buenos Aires, por no afectar a los sectores de la zona núcleo de la oligarquía, cuyos campos se valorizaron en un 50 por ciento promedio, a impulso de los precios extraordinarios en el mercado mundial, Scioli basó cada vez más la recaudación en el regresivo impuesto a los ingresos brutos, que pasó a representar el 75 por ciento de la recaudación. Tuvo que ser el gobierno nacional el que forzara a Scioli a decretar el revalúo fiscal sobre el que se aplican las alícuotas del inmobiliario rural, como condición para el auxilio del medio aguinaldo de junio pasado.
Pero aún así el gobernador le introdujo tantas condiciones al reglamentarlo que minimizó su efecto y no resolvió la crisis estructural. Con la misma contundencia de entonces, Lorenzino objetó ahora la política de endeudarse para enfrentar gastos corrientes, como camino seguro a la catástrofe.
¿Es incongruente proyectar que si alguna vez se realizara su fantasía de acceder a la presidencia, Scioli aceptaría las condicionalidades del Fondo Monetario Internacional y reanudaría el ciclo del endeudamiento que durante demasiados años estranguló las posibilidades de crecer y distribuir de la economía argentina?
Más allá de las especulaciones sobre costos relativos para cada gobierno, la administración central volverá a tener el rol protagónico en el rescate de Buenos Aires, porque es inimaginable que el hundimiento de la provincia en la que viven y producen 4 de cada 10 argentinos no afecte al resto.
Como es obvio, ni hará falta mencionar esta cuestión cuando Cristina le informe a Scioli quiénes integrarán las listas nacionales y provinciales del Frente para la Victoria en octubre. En agosto serán las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias y treinta días antes la presentación de los candidatos. Esto implica que Scioli tiene hasta mediados de junio para decidir si seguirá acompañando a regañadientes o dará el salto al vacío al que lo invitan quienes no tienen otra esperanza.
Una tercera opción que está explorando es conformarse con lo que le ofrezca Cristina, pero colocar algunos candidatos propios en las listas de su viejo amigo Francisco De Narváez, siguiendo las huellas de su hermano Pepe. No parece una apuesta con mucho sex appeal para alguien con tantas aspiraciones. (...)".
"Podría ser presidente sin ella, pero no contra ella. El sciolismo repite ese karma cuando se indaga sobre la futura relación de Daniel Scioli con Cristina Kirchner. La Presidenta podría ganar en Buenos Aires las elecciones de octubre sin Scioli, pero no contra Scioli. Ésa es una certeza, nunca reconocida, del cristinismo. Son las trampas que condicionan y limitan a ese matrimonio sin amor. El problema es el dinero, pero es también la política. Nadie sabe qué los unió, pero todos reconocen que sus políticas y sus métodos son muy diferentes.
La Presidenta está presionando a Scioli con el dinero para terminar negociando la política. Es decir, quiere para ella las listas electorales del peronismo bonaerense. Su proyecto es, entonces, poner ahí más camporismo que peronismo. El dinero no es poca cosa en esa relación. Scioli podría dar aumentos salariales de entre el 8 y el 10 por ciento a los estatales bonaerenses, incluidos los maestros, con los recursos que tiene. No más que eso. Insuficiente.
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El período lectivo se iniciará con una huelga general de maestros porque el gobierno nacional les ofrece el doble de lo que Scioli podría pagarles. Scioli soportará una huelga aún más larga. No hay ningún rubro de los aportes nacionales a la provincia más importante del país (coparticipación, Fondo de Reparación del Conurbano, contribución al pago de estatales) que no haya descendido verticalmente en el último año. El gobierno federal amenaza con ser más mezquino en el año que corre. Todo se reducirá a casi nada.
¿Qué la lleva a Cristina a enfrentarse con un aliado crucial en el único distrito grande que podría ganar? El discurso oficial consiste en señalar la responsabilidad de cada gobernante. Ella se hace cargo de sus obligaciones. Que Scioli se haga cargo de las suyas. Hay algo de cinismo en ese razonamiento. El Banco Central imprimió 100.000 millones de pesos en el año 2012. Ningún gobernador puede hacer eso. El gobierno nacional tiene las puertas abiertas para acceder, además, a los recursos de la Anses, del PAMI o del Banco Nación. Puertas cerradas para los gobernadores. La emisión monetaria espolea la inflación, es cierto, pero ésa es otra historia. Parte del dinero de la Anses es de las provincias, pero ésa es una historia ocultada por el cristinismo.
La economía es un conflicto que, de todos modos, convierte en más egoísta a la Presidenta. Algo de estrechez financiera cristinista hay también. Cristina está acostumbrada, al mismo tiempo, a un contrincante que recibe y no pega. Scioli le dedicó un acto de lealtad en los mismos días en que ella le negaba ya no los recursos del gobierno nacional, sino una simple autorización para endeudarse. Esto se parece más a la maldad que a la necesidad.
Y están, en el centro, las diferencias políticas de Cristina con Scioli. Ni siquiera en 2003 lo quería como candidato a vicepresidente de su marido. Prefería en ese lugar a Roberto Lavagna, con quien nunca se llevó bien. Lavagna tampoco le dedicó nunca a Cristina ningún aprecio personal o político. Pero Cristina quería que fuera Lavagna si la opción era Scioli. El actual gobernador era, para ella, una expresión cabal de una "derecha frívola", más comprometida con el famoseo argentino que con la ideología. Jamás le gustó ese hombre simpático para los empresarios y con fácil acceso a algunos gobiernos extranjeros. Cristina no cambia: sigue pensando lo mismo de Scioli.
Nunca el gobernador será el sucesor consentido de la Presidenta. Scioli es un obstáculo para su proyecto reeleccionista y no es, ni lo será, una garantía ideológica para su sucesión. Esto lo saben los amigos y los enemigos del gobernador. Scioli no tiene esa certeza, todavía. Por eso, quizá, para él la única lucha que no terminará es la que libra por los recursos. Sin aportes del gobierno nacional y sin posibilidad de créditos, Scioli no está en condiciones de prometer ningún aumento salarial a los estatales de su provincia. No sabe qué habrá en su cartera después de junio. No puedo comprometerme a pagar lo que no tengo, suele explicarles a sus ministros.
(...) Scioli jugará con Cristina o, en última instancia, no jugará con nadie. El riesgo que corre es que el antikirchnerismo aumente en la sociedad y que ésta termine volcándose por expresiones más frontales (¿De la Sota? ¿Macri? ¿Sergio Massa?). Scioli promete un oxímoron: cambio en la continuidad. Los otros ofrecen un punto final para la experiencia del kirchnerismo. Salvo Massa, que calla sobre todo. Pero ese silencio le permitiría decir algún día cualquier cosa. (...)".
"La segunda fase de la ofensiva contra Daniel Scioli ha sido lanzada. La primera ocurrió a mediados del año pasado cuando Cristina Fernández retaceó al gobernador, hasta el último minuto, la ayuda financiera para el pago del aguinaldo. Ahora tampoco hay socorro para hacer frente al reclamo docente.
En realidad, las clases no empezarán en casi todo el país. El cristinismo se encarga sólo de remarcar la mala praxis del mandatario. La Presidenta no lo recibe ni atiende sus llamados.
Quizás la sangre no llegue al río ahora mismo. Cristina no podría correr el riesgo de que un conflicto terminal con Scioli perturbe el año electoral en Buenos Aires, donde se afinca la esperanza cristinista de prolongar el modelo después del 2015. Superada la prueba de octubre, el gobernador bonaerense recibiría la notificación formal sobre algo que conoce: nunca podrá ser el heredero presidencial. Probablemente el 2014 se convierta en el año del martirio final del gobernador.
Todo dependerá de la votación de octubre. Si Cristina pudiera exhibir una razonable victoria, intentaría arremeter en el Congreso con una reforma constitucional. En ese caso, a Scioli le resultaría difícil no quedar enredado en la maniobra. (...)
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Dos intendentes del Conurbano se llevaron esa densa mezcla de impresión y noticia después de pasar en los últimos días por la residencia de Olivos. El secretario Legal y Técnico garantizaría el abroquelamiento de todo el cristinismo. La Cámpora y el foro de intelectuales K apostaban por Zannini cuando Cristina sorprendió con Boudou. Habría tiempo para persuadir al peronismo, aunque los primeros pasos se habrían dado: los intendentes bonaerenses que han tomado distancia de Scioli para jurar fidelidad a Cristina no dudarían, llegado el caso, en acatar el dedo presidencial. Zannini es un dirigente de bajísimo perfil, con elevado nivel de desconocimiento popular, según las encuestas. ¿Cómo podría convertirse en el delfín de Cristina?
“A Kirchner tampoco lo conocía nadie cuando lo eligió Duhalde (Eduardo). Zannini sería el candidato de Cristina. Y habría un año y medio para instalarlo bien”, explicó uno de aquellos intendentes.
Antes de bregar por su delfín, el cristinismo parece dispuesto a tomar prevenciones en el PJ. La principal, ya se sabe, apunta a desgastar a Scioli. A colocarle vallas insalvables en el armado electoral.
Cristina desea monopolizar las listas de diputados nacionales y provinciales.
Alzando a Alicia Kirchner como principal candidata y colocándose ella misma como estandarte de campaña. El gobernador bonaerense podría quedar maniatado.
(...) Scioli no ha variado un ápice su estrategia.
Hace como si nada ocurriera.
Declara su incondicionalidad a Cristina. Recurre a diferenciaciones sutiles. Ausentarse, por caso, del acto que presidió Boudou en Salta. Evitar las invitaciones presidenciales a actos públicos. Mostrarse al lado del intendente de Tigre, Sergio Massa. Frecuentar discretamente a dirigentes radicales, al margen de su cena con Julio Cobos. Dejar que sus ministros repliquen las críticas cristinistas. Prefiere siempre, oteando las encuestas, el papel de víctima.
De esa manera causó en el 2012 el recule de la Presidenta. (...)".