Fue una visita de apenas 15 minutos, que le alcanzó a Moreno -acompañado por su esposa, Marta Cascales. según informa 'La Nación'- para dialogar con la embajadora y recibir un pedido de audiencia del presidente de Caeme (la cámara de los laboratorios extranjeros), Eduardo Neira. Dicen que la intención fue generar un gesto de acercamiento, tras varios episodios traumáticos en la relación bilateral.
De lejos, con algo de respeto y mucho más de temor, lo observaban algunos de los economistas multados por la Secretaria por difundir índices de inflación diferentes a los del Indec. En el elegante primer piso de la residencia de Palermo, el funcionario no llegó a sacarse el abrigo oscuro, en cuya solapa se destacaba un escudo con el logo original de YPF.
Diplomáticos de otros países miraban la escena con cierta envidia, porque Moreno siempre dijo que, para él, "para defender a sus empresas, los diplomáticos extranjeros tienen que hablar con la Cancillería, no conmigo; porque si una empresa está en la Argentina, es argentina y su jefe soy yo".
Atento y de buen ánimo, se animó inclusive a algún chiste.
"¿No tienen nada trabado ustedes, no? Porque está todo procesandose aceleradamente", repitió Moreno frente a cada funcionario estadounidense que se le cruzó. A lo que, según 'Página/12', todos dijeron que no.
Por la residencia también desfilaron Cristiano Rattazzi (Fiat), Facundo Gómez Minujin (J.P.Morgan), Gustavo Marangoni (Banco Provincia) y Fabián Perenchodnik (Poliarquía Consultores).
Ellos fueron testigos privilegiados del buen comportamiento del funcionario kirchnerista. Lo vieron acercándose a pura sonrisa y reverencia hacia los dueños de casa, no sólo la embajadora Martínez sino también los consejeros económicos de la sede diplomática. Según el diario 'Clarín', Moreno departió con amabilidad extrema y casi estudiada. Muy diferente a la que muestra frente a dirigentes y empresarios locales.
La embajadora Martínez ofreció un discurso breve, en el cual destacó el rol que hoy cumplen las 500 grandes empresas de USA radicadas en la Argentina. Pero entonces Moreno no pudo con su genio y minutos luego intentó corregirla: "La voy a corregir señora. En realidad son 500 empresas argentinas de capital extranjero".