Obviamente, todas provocaciones desde el cristinismo beneficiario de la mala administración de los recursos de todos.
Aqui 4 ejemplos del discurso periodístico paraestatal:
Eduardo Anguita, en Miradas al Sur, a quien se le toleran a veces exabruptos por sus años en la cárcel, de donde salió en días del menemismo, que le permitió ingresar a la agencia estatal Telam para reinsertarse en la sociedad:
"La primera reacción, al menos de este cronista, fue de sorpresa. Porque, por primera vez en mucho tiempo, las tomas de las cámaras de los canales opositores podían abrirse a panorámicas. Había mucha gente en la noche del jueves 13. Pero el cronista recordó que venía sorprendido por la falta de reacción de los caceroleros, por la anomia de sujetos sociales que sólo parecían expresarse a través de algunos conductores de programas que ven la Argentina con un solo ojo (el ojo derecho de Héctor Magnetto) y por las encuestas que señalan un presunto mal humor de ciertos sectores medios urbanos respecto del Gobierno.
El batido de cacerolas de esta semana puede ser leído como el segundo movimiento de la difícil búsqueda de identidad de estos enojados cool. El primero fue el de la respiración artificial con Sri Sri en los bosques de Palermo. En ése, buscaron la paz y la armonía.
En este segundo, el enojo convertido en sonrisa cada vez que saludaban frente a las cámaras. La mejor descripción de ese breve par de horas de manifestación en la nochecita del jueves la hizo –a criterio de este lector– Jaime Rosemberg, de La Nación, quien parecía tener la acidez de Tom Wolfe para describir a los neoyorquinos cretinos o de Honorato de Balzac cuando se mete en la piel de los parisinos amarretes. Rosemberg empieza desmintiendo los 200 mil caceroleros que vio la Metropolitana y los reduce a la cuarta parte. Pero lo más importante es que cuando un cronista avezado tiene que observar un fenómeno social complejo en vez de dejarse guiar por el ojo complaciente de los enojados puede interpelar las pequeñas escenas que componían esa heterogénea e inesperada multitud opositora.
Parecería un error apresurarse a hacer una lectura política de lo sucedido el jueves. Porque los pequeños golpecitos de las cacerolas no expresan consignas de cambio ni de reclamos puntuales y mucho menos constituyen un golpe. (...)".
Gustavo Cirelli en Tiempo Argentino, enojado porque, según él, "l
os pañuelos de las Madres de la Plaza no se manchan" (?)
como si no lo hubieran enlodado ya (y para siempre) Hebe de Bonafini y Sergio Schoklender, obviamente... En fin, aqui un fragmento de la perorata:
"(...) Un párrafo aparte merece la cobertura de la manifestación que realizó la tevé opositora. En su columna de ayer en este diario, el docente de la UBA Gabriel Chamorro lo define con precisión: "La percepción por la cual los medios de comunicación concentrados no les dieron micrófono a los protagonistas en la movilización obedece a una razón: no deseaban poner en evidencia la desmesura de sus manifestantes."
Pero esa desmesura supo ser registrada por las cámaras de la Televisión Pública y por las de Duro de Domar. Por caso, en el programa 6, 7, 8 se puso luz sobre una imagen que evidenció, quizá, uno de los actos de mayor violencia simbólica en estas casi tres décadas de democracia: el ataque irracional, la burla celebrada, la ofensa contra el pañuelo blanco de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, un símbolo indiscutido de la lucha y la resistencia pacífica que enfrentó casi en soledad a la dictadura cívico-militar en la Argentina. Un ejemplo admirado en el mundo y mancillado en el Barrio Norte porteño o en La Plata. La banalización del terrorismo de Estado y de sus consecuencias, la indiferencia cómplice durante aquellos años, el silencio posterior y la flamante descalificación a lo que significa un símbolo como es aquel pañal de niño convertido en pañuelo y bandera hace más de 35 años, es un reflejo del odio irracional y vigente.
(...) La imagen de esa mujer sonriente y celebrada por un entorno tan sonriente como ella ante la "humorada" de esa mujer que se sumó con espontaneidad a la concentración, en este caso en la ciudad de La Plata, y que previo a su derecho a manifestar sus ideas en libertad como los miles que lo hicieron esa noche, se tomó el tiempo de ensuciar un pañuelo blanco con la siguiente frase: "Aparición con vida del sistema republicano, se lo vio por última vez en la Argentina el 25 de mayo de 2003." Provoca escalofrío ver la utilización de una consigna tan dolorosa y valiente para la historia del país como burla. El sistema republicano fue arrasado el 24 de marzo de 1976, bien lo saben los "vecinos" platenses, porque allí, de sus calles fueron arrancados los pibes de La Noche de los Lápices –de la que hoy se cumplen 36 años–, los hijos de Hebe, la hija de Estela, de Chicha, de tantos; ciudad de la que falta Julio López,, ciudad en la que están siendo juzgados los asesinos del Circuito Camps; ciudad en la que en la últimas semanas volvieron a aparecer amenazas de los fanáticos del genocidio. (...)".
Mario Wainfeld en el diario Página/12, afirmando que
aquí o no pasó nada o todavía no se sabe qué ocurrió. Es evidente que, segun su punto de vista, quienes cuestionan a Cristina no deben conseguir nada (?). Además, él cree que el gobierno de Cristina se construyó sobre la derrota de 2008 y no sobre la utilización política de la muerte de Néstor Kirchner, en 2010. Son 2 extremos a debatir. Aquí su punto de vista:
"(...) Hay quien fantasea con una bisagra en la historia, para corroborarlo hay que dejar discurrir los hechos. El conflicto de las retenciones móviles “bisagreó” de modo complejo, paulatino, cambiante. Aparejó derrotas políticas del oficialismo en el Congreso y en las elecciones de medio término. Pero, también y con el andar del calendario, congregó adhesiones militantes y juveniles impensadas al kirchnerismo. Y lo incitó a las mejores decisiones institucionales del primer gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Cuando el ex presidente Néstor Kirchner decía que “se había parido el gobierno de Cristina” podía sonar descolgado o voluntarista. Así fue, sin embargo. Claro que para eso, el oficialismo debió internalizar las derrotas parciales, repensar errores, adoptar decisiones fundantes que no estaban en su menú.
Nada definitivo ocurrió ahora, el Gobierno conserva la legitimidad que le confirió el pueblo y las bancas legislativas que le permiten concretarla. Su contrato electoral está intacto, es poco serio suponer que reforme (o que debería reformar) su rumbo general. Pero todo gobierno inteligente y atento a su conservación debe atender a la calle, pulsar lo que pasa, entender que la foto es una secuencia de una película cuyo argumento no está escrito. Y sobre todo (como también les cabe a sus antagonistas) reparar en los que no participaron en la movilización, que no son un bloque rígido, preconstituido, afincado en el 54 por ciento o en el 46 por ciento. (...)".
"(...) Cristina arrasó en las últimas elecciones. Lo hizo no siempre enojándose, sino a menudo con su cara más sonriente, humana y constructora de un “todos”. Arrasó remando siempre “contra la Corpo”. Arrasó con menos exposición que la actual. Hoy incluso cuenta con señales de noticias más amigables que en el pasado. No todo lo que sale a decir amerita el empleo de la cadena oficial. La ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, para quien escribe una causa sagrada, dice en su artículo 75: “El Poder Ejecutivo nacional y los poderes ejecutivos provinciales podrán, en situaciones graves, excepcionales o de trascendencia institucional, disponer la integración de la cadena de radiodifusión nacional o provincial, según el caso, que será obligatoria para todos los licenciatarios”.
Si se trata de kirchnerismo no hay modo de ganarse la simpatía de derechas horribles (menos mal). Especialmente cuando se trata de ciertas bestias que se inflaman al grito de morite, puta, yegua y montonera. Pero sucede que la construcción política consiste en abrir todo lo que se pueda hacia la sociedad y no en deleitarse con un relato amargo, ensimismado, de viejo matrimonio mal llevado. El kirchnerismo no tiene que salir a intercambiar piñazos con lo más brutal de los caceroleros. Porque esa es una suerte de agarrada entre vanguardias que deja afuera a muchos que lo miran por tevé.
Es más, para pararse ante el cacerolazo no importa sólo quiénes y cuántos fueron, sino cómo se transmite y amplifica, qué climas se generan y qué posibles contagios pueden darse. Trompearlos verbalmente es hacerles el juego. Así que mejor dejar solos a los más animalitos, que sigan enojados los peores. Y a mirar a otros sectores de clases medias. Aquellos que pudieron no votar al kirchnerismo, pero lo hicieron sin tanto odio brutal e ignorante, seudoinformado. A esos hay que dirigirse y tratarlos mejor; encuestas creíbles señalan esa necesidad. En cuanto a los más ariscos, algún que otro toquecito en las políticas y discursos oficiales podría ayudar a evitar a evitar lo innecesario, eso que, a empujones mediáticos, termina con las cacerolas en las calles. (...)".