De ese modo, el intendente estaría siguiendo los mismos pasos que supo aplicar su mentor, Juan Schiaretti, con él mismo. Es decir, aplicar una especie de “escuela” dirigencial que va renovando los nombres período a período.
Ese proceso no es casualidad. Con la salida de toda una generación peronista del ámbito provincial, la renovación fue fríamente calculada.
No obstante, no todo fluye de manera pacífica. La selección de Passerini encuentra resistencia en otra figura muy cercana a Llaryora: el secretario de Gobierno, Miguel Siciliano.
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Martín Llaryora y Daniel Passerini.
El funcionario es un pretendiente fuerte de la candidatura, aunque no tendría los pergaminos que sí ostenta Passerini. A pesar de ello, Siciliano no querría claudicar en sus intenciones.
Por eso mismo, el intendente Llaryora evitó hasta aquí hacer referencias públicas a sus referencias. Eso implicaría una sentencia contra un Siciliano que es clave en el Gobierno municipal, al que todavía le queda un trecho por delante.
Ahora bien, Martín Llaryora buscó hace tiempo interlocutores que fueran marcando la tendencia de su predilección. Basta tan solo con ver las apariciones de Passerini en actos en los que las tres esferas peronistas se encuentran (Schiaretti nacional, Llaryora provincial y Passerini municipal).
Esas imágenes, cargadas de simbolismo, se suman a las opiniones de diversos funcionarios que ya dan por sentado que Passerini será el heredero de la gestión. Algo que iría dejando suavemente fuera de juego a Miguel Siciliano, que sin dudas será fundamental para una eventual renovación del poder.
De ese modo, Martín Llaryora replicaría el proceso que él tuvo que atravesar para llegar a la candidatura que hoy ostenta. El verticalismo del peronismo de Córdoba es una de las premisas que condujeron a una continuidad de más de 20 años, y por eso el intendente no piensa cambiarlo ahora.
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