Eso, naturalmente, generó convulsiones en Juntos por el Cambio y el radicalismo. En una maniobra tardía, la cúpula radical intentó aislar a la mujer de Juntos por el Cambio y quedó en evidencia el enojo por la “deserción” al proyecto provincial que hoy pone a Luis Juez o a Rodrigo De Loredo a la cabeza.
Justamente, esa última incertidumbre es la que empujó a varios dirigentes a considerar el apoyo al proyecto provincial a pesar de ser opositores. Mucho más a los intendentes que dependen directamente de las partidas provinciales.
Con la proliferación inminente de dirigentes cambiando de bando, al radicalismo se le volverá difícil “cortar tantas cabezas”. Sobre todo cuando se encuentre con figuras de mucho recorrido en la oposición.
Para Juntos por el Cambio eso constituye una mala noticia ya que, en Córdoba, el radicalismo es la fuente principal de votos opositores al Gobierno provincial. Algo a lo que Martín Llaryora apunta a menguar la potencia.
Así las cosas, la campaña está en marcha en Córdoba. Desconociendo las fechas electorales con precisión (solo las sabe el oficialismo), la oposición se encuentra en un delicado momento de tensión que puede terminar por desgranar un grueso importante en la provincia.
Sin todo el poder opositor unido, será muy difícil que Juntos por el Cambio le pueda discutir una elección al oficialismo que ya lleva 23 años en el poder.
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