Para Martín Llaryora, ese estilo de gobierno permitirá que su eventual gestión tenga llegada a una amplia gama de problemáticas, mientras se seguirá haciendo fuerte en sectores donde el Gobierno provincial ya pisa fuerte, como la obra pública. Así, el peronismo se encargaría del grueso administrativo y político, mientras que los dirigentes externos que quieran participar del Gobierno provincial podrán encargarse de problemas puntuales que han generado debilidades en los más de 24 años del PJ en el poder.
La idea de Martín Llaryora surgió de un dato vertido por sus consejeros políticos. Según ellos, los votantes están cada vez más lejos de los espacios o partidos como fuentes de identificación, y están más cerca del nombre de cada dirigente como un sello para gestionar.
Así las cosas, el acercamiento del intendente de Córdoba con sectores del radicalismo y el PRO no son coincidencia. Con Juntos por el Cambio fragmentado por los intereses personales, el candidato peronista espera encontrar en los desencantados algo de tinta para poder estampar su sello propio, mucho más amplio del que hubiera pensado el propio Juan Schiaretti.
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