"Acordar en el desacuerdo" respondió la canciller Diana Mondino cuando fue consultada por Mirtha Legrand sobre el reclamo por la soberanía argentina sobre las Islas. Fue una forma de mantener el perfil no confrontativo entre el gobierno de Milei y el británico, para no hacer del conflicto diplomático el único eje posible de relación entre ambas administraciones.
No obstante, la presencia de Cameron en las Islas motivó un comunicado de queja de la Cancillería, lo que transmitió la misma Mondino al expremier británico cuando se encontraron posteriormente en Brasil, en un encuentro de cancilleres del G20.
Días después, Londres anunciaba que para mejorar la protección de los mares antárticos, ampliaba las llamadas “no takes zones” (zonas de no pesca) alrededor de las Islas Georgias del Sur y Sándwich del Sur por 166.000 kilómetros cuadrados más de los existentes. Ello elevaría el hábitat marino protegido sólo por el Reino Unido en aguas que Argentina considera propias a 449.000 kilómetros cuadrados.
Hubo protesta de la Cancillería y después se comunicó que el puerto que los isleños ya tenía constructor. Un proyecto que va a costar alrededor de 153 millones de dólares y que va a mejorar la capacidad de amarre en las islas para pesqueros, cruceros, buques que van a la Antártida y petroleros si en algún futuro se explotaran hidrocarburos.
La citación a Hayes también implica un giro en el estilo que Mondino quería aplicar al vínculo. En una entrevista dijo que las quejas formales del país contra Inglaterra son, apenas, "cartitas", y que si se tiene que enfrentar con su par inglés en lo relativo a Malvinas, lo mejor es hacerlo con sus "chicanas tuiteras".
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