Lanzada en 2016, la pickup mediana entró de lleno en Argentina, para convertirse en pionera de un segmento que hoy está en crecimiento como lo son las camionetas con caja de dimensiones bajas. Producida en Brasil, la “chata” de Fiat entusiasmó a muchos de los que no estaban convencidos de ir por una Toyota Hilux o una Volkswagen Amarok, dos productos de mayor tamaño.
Sin embargo, su llegada al mercado argentino fue con el pie izquierdo. A los pocos meses de su lanzamiento, en distintos puntos del país se reportaron problemas graves con la camioneta en su versión diésel.
Puntualmente, esos inconvenientes tenían que ver con el filtro de partículas de combustible o DPF. Ese mecanismo, incluido en la Fiat Toro, estaba destinado a “quemar” desechos tóxicos que produce la combustión dentro del motor de la camioneta.
No obstante, ese sistema no se acciona a no ser que se cumplan con determinados requisitos de marcha (ir rodando) que, según la imputación, no habrían sido informados por la empresa en su manual de vehículo. Esto, al no filtrarse, provocó que varias unidades retuvieran las sustancias de desecho en grandes cantidades, entorpeciendo el funcionamiento del motor.
Toro, de Fiat, una nueva oferta para el mercado de pick-ups.
Fiat Toro, en el ojo de la tormenta.
Así las cosas, al poco tiempo de haberse producido el lanzamiento, llegaron los problemas de garantía con cientos de unidades “rotas”. Y todo parecería indicar que, la denuncia de los compradores, estaría en lo correcto.
La jurisprudencia, que se produjo hace pocos días, benefició a un comprador cordobés que tuvo un inconveniente de la naturaleza señalada anteriormente. A pocos kilómetros de haber sido comprada, la camioneta falló.
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