Durante el 2022 se reportaron varios incidentes similares en Chaco y otras provincias del norte, con sustracciones de aeronaves pequeñas en esa zona del país. Desde allí, los aviones cruzan el espacio aéreo argentino sin control y se zambullen a países limítrofes.
Se presume que, en la mayoría de los casos, los aviones son utilizados para el transporte y contrabando de drogas pasando por la frontera norte. Es común que las aeronaves robadas vuelen de noche, regresen con transponder apagado y que sea muy difícil poder ubicarlas.
Al parecer, la cobertura de los radares instalados años atrás en esa zona no alcanza para cubrir la totalidad del espacio aéreo nacional, que es penetrado con facilidad por organizaciones criminales y sus vuelos ilegales. Tampoco parece alcanzar la defensa aérea con la que cuentan las Fuerzas Armadas en la actualidad.
Además del peligro a la seguridad civil que supone este fenómeno, también entra en consideración la seguridad aérea, ya que las aeronaves “fantasma” no son reguladas por los controladores oficiales, incrementando el riesgo de accidentes con otro tráfico legal. Algo que, sin dudas, vuelve los cielos más peligrosos en Argentina.
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