A fines de mayo último, 15 días después de haber sufrido el robo de su auto por parte de delincuentes, Echarri padre tuvo un preinfarto por el que estuvo internado en el Hospital Fiorito, de Avellaneda, de donde fue derivado a la clínica Santa Isabel, en la Capital Federal. Ahora se lo llevaron del puesto de venta de diarios y revistas que tiene en el partido de Avellaneda.
Un primo del secuestrado, José Di Carlo, comentó que en el entorno familiar "hay mucho miedo, mucho hermetismo y mucha presión" por el suceso.
La banda pidió US$ 100.000, aunque en las conversaciones telefónicas se "está negociando una cifra menor".
"Pablo no es un actor que gane tanta plata y su familia es de trabajo", aseguró el primo del secuestrado.
"Si vemos rondar un solo policía por la casa, le pegamos un tiro en la cabeza (a Antonio)", amenazó una voz masculina a los familiares de Echarri durante uno de los contactos telefónicos, confiaron los voceros.
Fuentes de la investigación dijeron que los secuestradores mantuvieron durante todo el día reiteradas comunicaciones con la familia del actor para negociar el pago del rescate, que hasta el momento aún no se había concretado.
Un vocero del caso aseguró que el único testigo del hecho es un vecino del barrio Crucecita, quien vio el momento en que lo secuestraron a Echarri.
En tanto, alrededor de las 10:00, un hombre vestido con saco y corbata, que no se aclaró si era familiar de los Echarri, ingresó a la vivienda con dos valijas en sus manos, y la hermana del actor y otra joven le abrieron la puerta de la casa para hacerlo pasar.
Pasadas las 11:00, el hombre se retiró velozmente sin hacer declaraciones a la prensa, pero unos minutos más tarde salió de la casa la pareja de Echarri, Nancy Duplaá, y abordó el vehículo gris en el que la estaba esperando esa persona.
En otro lugar del Gran Buenos Aires, Grassi lograba salir del ojo de la tormenta. El sacerdote quedó detenido acusado de abuso deshonesto y corrupción de menores. Declaró ante un fiscal que la denuncia en su contra tiene "olor a venganza".
Pese a que el caso se desató por el supuesto abuso del cura a adolescentes, dos alumnas que concurren a la escuela polimodal que funciona en la Fundación afirmaron que los ex empleados que acusaron al padre de los abusos habían sido despedidos de la entidad por diversas irregularidades. Las jóvenes dijeron que "es toda gente que fue echada por distintos motivos, uno robaba y otro le pegó a una nena".
En esta línea, y por el lado de la familia, un hermano del sacerdote también dejó entrever que las denuncias en su contra pueden tener origen en personas que se oponen a la obra de la Fundación Felices Los Niños. Además, el pariente del acusado negó que el religioso sea homosexual.
Por el lado del desarrollo judicial, el cura, que quedó detenido en una celda común de la Dirección Departamental de Investigaciones (DDI) de Merlo, denunció ante el fiscal de Morón, Adrián Flores, que fue extorsionado por una persona para "venderle información" relativa al caso.
Grassi está acusado del delito de "abuso deshonesto agravado y reiterado (dos hechos), los cuales concurren materialmente entre sí y, a su vez, idealmente con corrupción de menores agravada por la condición de guardador y sacerdote".
Los voceros afirmaron que, en caso de ser hallado culpable, el padre Grassi podría ser condenado a penas de entre 10 y 15 años de prisión, es decir, que el delito no es excarcelable.