A pesar de la novedad y de la oportunidad de las dos declaraciones públicas, los teoremas lanzados por Lavagna y Monzó no son nuevos.
En efecto. La discusión acerca de la sustentabilidad de un modelo económico basado en atraso cambiario, altas tasas de interés y aumento del déficit financiado con creciente presión tributaria y endeudamiento, y en un contexto de estanflación tiene, en nuestro país, una larga trayectoria, y muchos ejemplos históricos con resultados conocidos.
Por su parte, la posibilidad de incorporar al peronismo en la coalición de gobierno fue un divisor de aguas en el macrismo ya desde el año pasado, cuando Monzó y otros dirigentes de ese espacio se enfrentaron con Jaime Duran Barba y Marcos Peña.
Finalmente se impuso la tesis de estos últimos, avalada por Macri, en el sentido de llevar a las elecciones presidenciales de octubre de 2015 una oferta nueva, diferente y “pura”, es decir, sin peronistas que, por otra parte, fueron presentados en la campaña como lo viejo y lo fracasado.
Los resultados electorales le dieron la razón al tándem Durán Barba-Peña. Sin embargo, ahora Monzó pareciera advertir (y advertirles) que lo que pudo ser válido para una elección puede resultar insuficiente cuando se gobierna en minoría o, incluso, para asegurar la permanencia de Cambiemos como proyecto político exitoso.
Estas declaraciones son producto de las dificultades que encuentra el gobierno de salir de la recesión económica y de seguir sumando el apoyo (como hasta ahora) de parte del peronismo a sus iniciativas, pero, también, es el resultado de algunas tensiones crecientes al interior de Cambiemos y entre el oficialismo y sus aliados circunstanciales, en especial el Frente Renovador.
En este sentido, las fuentes del oficialismo consultadas informan que, por primera vez en casi 12 meses de gestión, algunas voces destacadas de la coalición se interrogan acerca de si el gobierno está haciendo bien las cosas o si, por el contrario, es tiempo de discutir un cambio de rumbo, teniendo en cuenta que cuanto antes se lo implemente mejor se llegará a las elecciones del año próximo.
Otras fuentes gubernamentales, por el contrario, sostienen que Macri de ninguna manera modificará el rumbo, sencillamente porque considera que tiene resto más que suficiente para imponerse cómodamente en las elecciones de octubre de 2017.
En la misma línea, las expectativas sobre el resultado de la próxima reunión en Chapadmalal son coincidentes: Macri aprovechará el encuentro para confirmar el rumbo y relanzar la gestión. No se discutirá el modelo, no habrá cambios de ministros, aunque si de segundas líneas.
Los memoriosos del gobierno recuerdan que Macri es renuente a hacer cambios, tanto de políticas como de equipos, como lo demostró cuando estuvo al frente del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. “Por qué debería hacerlo ahora”, concluyen las mismas fuentes.
De confirmarse la hipótesis de que Macri redoblará la apuesta sin cambios, quedará postergada para el 2018 la verificación de la sustentabilidad del modelo de gobierno de Cambiemos; solo una derrota del oficialismo en las próximas elecciones obligará, inesperadamente, a replantear el tema por anticipado.