El origen del conflicto accionarial entre Pemex, con Juan José Suárez Coppel a la cabeza, y el presidente de Repsol arrancó el pasado mes de agosto con motivo del famoso pacto de sindicación firmado por la mexicana con Sacyr, gracias al cual pasaron a controlar casi el 30% de Repsol. Su aspiración, al margen de los formalismos, era asumir más cuota de poder dentro de la compañía en base a su nueva condición de primeros accionistas con pacto accionarial incluido.
Entonces, la justificación del acuerdo era “colaborar para que la gestión de Repsol se desarrolle en línea con las mejores prácticas internacionales de gobierno corporativo y responsabilidad corporativa, todo ello en defensa de todos los accionistas”. En este sentido, consideraban “positiva la separación de las funciones del presidente del consejo de administración y del primer ejecutivo (CEO) de forma que cada función recaiga en un miembro del consejo de administración”.
Sin embargo, fracasado el acuerdo entre la mexicana y la constructora española, donde los socios de Sacyr dieron en primer lugar marcha atrás tras destituir a Luis del Rivero, y luego redujeron a la mitad su participación (el 10%), Pemex ha cambiado también su postura y ha aceptado reconducir su discurso, comprometiéndose ahora a dar estabilidad a su participación en Repsol. Seis meses después, todo vuelve a su cauce.