El grupo turístico TUI (Unión Turística Internacional) también pidió a NATS el reintegro de los costos asumidos durante aquella primera interrupción, que alteró los viajes de unos 25.000 clientes, pero recibió una negativa. El operador del tránsito aéreo se amparó en la legislación británica, que le permite restringir la circulación por razones de seguridad sin afrontar compensaciones directas. Su argumento es que esas decisiones preservaron la integridad de los vuelos, aunque hayan provocado cancelaciones, demoras y pérdidas millonarias.
El aeropuerto de Heathrow, principal puerta aérea de Reino Unido, volvió a quedar bajo presión tras la segunda falla del control de tránsito en menos de dos semanas.
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Esa protección legal, sin embargo, no cierra completamente el caso. La Autoridad de Aviación Civil puede imponer sanciones si determina que NATS incumplió sus objetivos anuales de funcionamiento, mientras el Gobierno ordenó una revisión independiente sobre las fallas, las inversiones realizadas y la capacidad de respuesta del sistema. Las aerolíneas también pretenden modificar las normas para evitar que futuros colapsos vuelvan a dejar toda la carga económica sobre ellas. La segunda avería en menos de dos semanas añadió presión a una discusión que ya enfrenta a accionistas, empresas y autoridades por quién debe pagar la factura.
Estados Unidos también colapsa: 7.000 vuelos afectados por un cable cortado
Mientras Reino Unido intentaba recuperar su programación, una emergencia completamente independiente paralizó buena parte del tránsito aéreo del noreste de Estados Unidos. Cerca de 7.000 vuelos terminaron demorados o cancelados después de que la Administración Federal de Aviación (FAA) perdiera durante horas una parte de sus comunicaciones con las aeronaves. La coincidencia convirtió la jornada en uno de los días más problemáticos del año para viajar a ambos lados del Atlántico.
El origen estuvo en una instalación de control ubicada en Filadelfia. Primero falló el circuito principal utilizado para transmitir información de radar y mantener el contacto por radio. Cuando los operadores intentaron apoyarse en la conexión de respaldo, descubrieron que una cuadrilla de obras había cortado accidentalmente unos 180 metros de fibra óptica en Nueva Jersey. La pérdida simultánea de ambas líneas obligó a detener ingresos y reducir el movimiento hasta recuperar una comunicación segura.
La FAA suspendió temporalmente las llegadas a JFK, LaGuardia y Newark, los tres grandes aeropuertos del área de Nueva York, además de aplicar restricciones en Filadelfia y Teterboro. Boston debió frenar operaciones por el volumen de vuelos desviados, mientras Washington Reagan también soportó interrupciones. Solo en las terminales neoyorquinas se registraron más de 1.400 servicios alterados y Newark acumuló alrededor de 600 cancelaciones. El problema coincidió, además, con la llegada de unos 130 jefes de Estado y numerosos ministros para participar de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Las comunicaciones fueron reparadas durante la tarde y los despegues comenzaron a reanudarse, aunque la acumulación de aviones fuera de posición prolongó las demoras. El secretario de Transporte, Sean Duffy, utilizó el episodio para volver a reclamar la modernización del control aéreo estadounidense: el Congreso ya destinó US$12.500 millones para renovar su infraestructura y el Gobierno solicita otros US$17.500 millones. Un corte accidental fue suficiente para revelar hasta qué punto una red envejecida puede bloquear algunos de los aeropuertos más transitados del mundo.
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