En la religión judía, los libros que contienen el nombre de Dios no pueden ser descartados como objetos comunes. Al deteriorarse, deben ser tratados con kedushá (santidad) y pasar por el proceso de guenizá, que consiste en su resguardo temporal y posterior entierro ritual en un cementerio judío, como si se tratara de una persona fallecida.
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El objeto, sagrado y deteriorado por el tiempo, reavivó la historia de los colonos judíos en la región y desató un emotivo ritual de preservación cultural dentro del pueblo.
Un gesto de respeto a la historia y la diversidad
“El gesto de la comunidad de Pedernal y la decisión de Chagas de trasladar el libro a la sinagoga para su adecuado tratamiento reafirman el compromiso con la memoria, la diversidad cultural y el respeto a las tradiciones religiosas que forman parte del entramado histórico de Entre Ríos”, destacaron desde el entorno del delegado ante la CTM de Salto Grande.
Este hallazgo pone en valor no solo la herencia judía en el interior de la provincia, sino también la importancia de preservar los signos de una historia compartida. Entre recuerdos de inmigración, colonización agrícola y convivencia entre culturas, la memoria se hace presente incluso bajo las tablas del tiempo.
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