Estirarlo para romperlo por dentro
El primer micro partido (dentro de un partido existen, a su vez, varios pequeños partidos que se disputan en función del contexto del encuentro), Milito llevó al conjunto de Marcelo Gallardo a estirarse para quebrarse por dentro.
El Galo jugó con la presión alta de River. El Millonario se posicionaba alto con Borja, Colidio, Simón y Nacho Fernández para robar rápido en salida, y Mineiro aprovechó ese movimiento. El conjunto brasileño atraía esas presiones riverplatenses, al punto de jugar varias veces con su arquero, para que sea éste quien tire el pelotazo largo para los dos delanteros letales: Deyverson y Hulk. Ese pase largo encontraba a un elenco argentino partido a la mitad y mal parado en su estructura.
A pesar de que en el fondo Marcelo Gallardo había dejado tres defensores (Pezzella, González Pirez y Paulo Díaz), no pudo hacer valer la superioridad numérica y siempre tuvo problemas. De hecho, así vino el primer gol: pase largo del arquero Everson para la corrida de Hulk, que luchó y logró que la pelota le rebote en la espalda. Esa fortuna fue capitalizada por un Deyverson que lo secundaba a toda velocidad, mayor a la de los defensores de River, y quedó mano a mano frente a Armani. Gambeteó y marcó el gol.
Atraer para liberar
El segundo gol de Mineiro deja de manifiesto que el conjunto carioca es muy completo y logra manejar distintos registros. Porque así como apostó a ese juego largo y menos elaborado, también fue capaz de construir desde el pase y, justamente, elaborar. Fue capaz de juntar a sus jugadores cuando el contexto del partido, ya con el marcador a favor, lo requería.
Frente a un conjunto de Marcelo Gallardo que con su 5-3-2 nunca encontró la forma de ejercer una presión eficiente, el Mineiro fue paciente para capitalizar esa deficiencia rival y manejar otros tiempos del partido, distintos a los que le dieron el primer gol.
Con más calma, el equipo Galo comenzó a juntar pases y hacer que corra la pelota, para que los que corran sean los jugadores argentinos. Así llegó a encadenar nada menos que 18 toques para el segundo gol (siempre con la complicidad de una flojísima marca de River), apoyado en una superioridad numérica constante. Primero de sus tres centrales, más un cuarto, el carrilero, que descendió para dar una mano. Luego con su doble cinco (Vera y Franco).
Con tranquilidad movió la pelota hasta partir al Millonario y encontrar a un Paulinho de enlace, que jugó para el mismo carrilero que había descendido y que ya estaba en posición de ataque dándole amplitud al equipo. Ya en situación ofensiva, Deyverson le marcó el pase, picó al espacio y definió.
Fue un verdadero golazo del Galo, que demostró manejar distintos registros para quebrar a un River verdaderamente vulnerable.
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