
Se trata de un objeto astronómico que podría tener el doble del tamaño del Empire State Building, es decir, un diámetro estimado entre 350 y 780 metros.
Se calcula que entrará en órbita a una velocidad de 37.400 kilómetros por hora, y que viaja a más de 30 veces la velocidad del sonido.
Sin embargo, no representa ningún peligro para los humanos.
El punto más cercano será a unos 3,2 millones de kilómetros, aproximadamente ocho veces la distancia entre la Tierra y la Luna. Según los estándares cósmicos, la separación es pequeña.
Pero la roca espacial no fue recién descubierta, sino que científicos del observatorio Mt. Lemmon SkyCenter en Arizona (USA) lo observaron por primera vez el 12 de enero de 2008. La última vez que pasó cerca fue el 1º de marzo de 2015, según el Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra (CNEOS) de la NASA.
La NASA identifica a cualquier objeto espacial que se encuentre dentro de los 193 millones de kilómetros de la Tierra como "cercano" y a cualquier objeto que se mueva rápidamente dentro de los 7,5 millones de kilómetros como "potencialmente peligroso".
Una vez que los astrónomos los visualizan, los monitorean y buscan cualquier desviación de su trayectoria prevista que pueda ponerlos en posición de colisionar con la Tierra.
El asteroide de mañana no es el más grande que ha pasado cerca en las próximas semanas.
Además, las agencias espaciales de todo el mundo ya están trabajando en formas de desviar objetos que realmente representen un peligro.
De hecho, el 24 de noviembre de 2021 la NASA lanzó una nave espacial para probar la redirección de un asteroide no peligroso desviándolo de su curso. China también persigue el mismo objetivo científico con los 23 cohetes Long March 5 contra el objeto denominado Bennu.
Fuente: LiveScience
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