Para explicar cómo funciona esta técnica maliciosa, solo hay que entender que un puerto USB tiene 4 pines, de los cuales 2 son para recargar la batería del dispositivo y los otros 2 para transferir datos.
Debido al juice jacking, no se recomienda utilizar estos puertos para ningún tipo de recarga. Aunque si no queda otra opción, debido a que el smartphone se quedó sin batería y no hay posibilidad de cargarlo mediante otra fuente confiable, hay que tomar ciertos recaudos para que no puedan instalar ningún malware.
Lo principal es tener desactivada la opción de transferencia de datos del dispositivo a la carga. En iOS, por ejemplo, siempre se pregunta al conectar a un puerto USB si el usuario confía en esa entrada para compartir datos. Al ser un lugar público, siempre hay que contestar que no. En el caso de los Android, la configuración por defecto es tener activa la carga sola, sin compartir datos. Pero siempre hay que verificar que esta opción sea la seleccionada, por las dudas, antes de conectar el teléfono.
Sabiendo que uno va a estar afuera de casa todo el día, la opción más recomendable para estar con los dispositivos siempre con buen nivel de batería es tener un cargador portátil. Existen muchos y hay de diversos precios y capacidad, para todos los bolsillos y necesidades.
Hay desde modelos chicos, de 5.000 mAh, a 20.000 mAh de capacidad, ideales para trayectos largos.
Otra manera es llevar siempre el adaptador del cable USB a la fuente de electricidad. Pero si el interés es viajar a otro país, es importante pensar que no siempre ese cargador puede funcionar en los enchufes de otro territorio, por lo que siempre hay que pensar en otro posible objeto para conectar el adaptador al enchufe.
Una de las maneras de evitar inconvenientes a la hora de cargar los dispositivos electrónicos es con un cargador inalámbrico, siempre que el aparato lo permita. Este se conecta los puertos públicos USB y el inalámbrico no podrá transferir ningún malware al smartphone.