El país asiático fue, en los últimos meses, escenario de movilizaciones multitudinarias (las más grandes desde 1967). Han pasado ocho semanas y los ciudadanos siguen tomando las calles.
El motivo de conflicto es la relación entre Hong Kong y China. Los manifestantes reivindican la autonomía legal de la ciudad (convertida en una "región administrativa especial"). En Hong Kong hay más respeto a los derechos individuales que en China y los ciudadanos no quieren perderlos. Sin embargo, el régimen comunista del gigante asiático quiere llevar una convergencia entre ambos estados.
Sin embargo, no es tan fácil para los manifestantes salir a la calle. Se trata de un país con un gran avance tecnológico en lo que se refiere a la seguridad y tienen efectivos mecanismos de reconocimiento facial y corporal.
Por este motivo, para no ser captados por las cámaras de la policía de Hong Kong, los manifestantes del movimiento descentralizado #612strike han empezado a usar láseres enfocándolos contra los agentes, tratando así de salvaguardar su identidad.
Hace dos semanas, Colin Cheung, uno de los activistas del movimiento, fue detenido y lo primero que intentaron los policías fue intentar desbloquear su iPhone aprovechando FaceID mientras le sujetaban la cabeza, ya inmovilizado. Fue inútil, Cheung había tenido tiempo de desactivar el sistema de login mediante reconocimiento facial pulsando el botón de acceso rápido.
En la Ciudad de Buenos Aires hace unos tres meses se empezaron a implementar este tipo de tecnologías. El Sistema de Reconocimiento Facial porteño analiza las facciones de la cara del individuo e informa a las autoridades que la persona es buscada por la Justicia. Desde su implementación, se emitieron 1227 alertas y se detuvieron 226 personas, aunque el 80% fue liberado por distintos motivos.
La identificación es posible gracias a la base de datos provista por la Consulta Nacional de Rebeldías y Capturas (Co.Na.R.C.), que cuenta con más de 46.000 fotografías de delincuentes y se actualiza a diario. Una vez que se reconoce el rostro y se obtiene confirmación del banco de imágenes, se ordena demorar a la persona. En las últimas semanas, el programa que trabaja con 300 cámaras en simultáneo, arrojó buenos y malos resultados.
Desde el ministerio de Justicia y Seguridad porteño explicaron que la Policía se limita a comunicarle al juzgado la demora de un posible prófugo, y luego la decisión queda en manos de la Justicia. Además, en algunos casos el pedido judicial no implicaba necesariamente una detención. En otros, se produjo un error en la carga de datos y también hubo fallas en el sistema de reconocimiento.