Según revela Axios, durante el último año ha habido un repunte en los ataques basados en deepfakes de audio sofisticados, según denuncia Vijay Balasubramaniyan, CEO de Pindrop, una empresa que protege de estafadores a los call centers monitorizando rastros de alteración en las voces de los interlocutores.
Este es uno de los riesgos del avance desmedido de la tecnología: no se pueden prever las consecuencias y no se prevén tampoco métodos de protección o regulación de las mismas. "No creo que la infraestructura corporativa esté preparada para un mundo donde ya no se puede confiar en la voz o vídeo de un compañero de trabajo", dijo Henry Ajder de Deeptrace, una startup dedicada a la detección de deepfakes.
A pesar de que existen nuevas empresas dedicadas a identificar este tipo de fraudes, no son accesibles para todo el mundo: New Knowledge, otra de las nuevas compañías dedicadas a defender a clientes corporativos de las amenazas de la desinformación, afirma que sus servicios pueden llegar a costar de 50.000 dólares a "un par de millones" al año.
Sin embargo, también es verdad que el tipo de tecnología necesaria para generar estos ataques es muy cara, porque necesita sistemas muy sofisticados. Alexander Adam, un científico de datos citado por la BBC, afirmaba que entrenar los modelos necesarios para producir falsificaciones lo bastante buenas como para llevar a cabo los ataques detectados por Symantec requieren una inversión notable de tiempo y dinero ("miles de libras").