El dispositivo está diseñado específicamente para que personas que sufren de cuadriplejía o que hayan perdido el uso de sus extremidades puedan manipular instrumentos tecnológicos digitales a través del pensamiento sin interacción física.
De esa manera verían su independencia restaurada y experimentarían una mejora significativa en la calidad de sus vidas con un control informático rápido, confiable y maniobrable.
De acuerdo al mismo medio británico, Synchron recibió autorización estadounidense para pruebas preliminares en julio de 202 y ha implantado su dispositivo en 6 pacientes. Por lo que se adelantó exitosamente a Elon Musk.
Neuralink vs Synchron
Synchron, entre cuyos inversores se encuentran los multimillonarios Jeff Bezos y Bill Gates, y Neuralink compiten en un nicho de los llamados dispositivos de interfaz cerebro-computadora (BCI).
El dispositivo de Synchron se conecta al cerebro a través de la vena grande que se encuentra junto a la corteza motora del cerebro en lugar de implantarse quirúrgicamente en la corteza cerebral como el de Neuralink. Además, no requiere asistencia de un robot como en el caso de Neuralink.
Luego se se maniobra para alojar el Stentrode en la parte superior de la cabeza, donde recibe las señales eléctricas generadas por el cerebro y las envía a un receptor en el pecho para que puedan ser interpretadas por una terminal especial con la que se pueden controlar otros dispositivos como computadoras y vehículos.
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Los beneficiarios del BCI han podido comer, beber, enviar correos electrónicos y operar brazos robóticos con solo pensar. Algunos incluso pudieron recuperar el sentido del tacto y otros el movimiento de extremidades.
En 2020, Synchron informó que los pacientes podría utilizar su dispositivo de primera generación para escribir una media de 16 caracteres por minuto. En 2022 Musk se acercó a Synchron para negociar un acuerdo en medio de retrasos en Neuralink.
Blackrock Neurotech, quien domina por ahora el sector, implantó su primera de muchas interfaces cerebro-computador en 2004.
Tras 19 años de investigación en humanos, y miles de estudios publicados, los beneficiarios del BCI han podido comer, beber, enviar correos electrónicos y operar brazos robóticos con solo pensar. Otros incluso han pedido escribir con un precisión del 94%, jugar videojuegos y pintar usando brazos robóticos controlados por el cerebro. Un paciente pudo recuperar el sentido del tacto y otro el movimiento del brazo.
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