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Starlink de China: ¿Triunfo científico o amenaza orbital?

El proyecto Qianfan, la respuesta de China a Starlink, arrancó con complicaciones. Pero, aun así, luce más que brillante a futuro: toda una apuesta.

El espacio, esa última frontera que tanto fascina a la humanidad, se convirtió en escenario de un nuevo capítulo en la carrera tecnológica entre potencias. China, decidida a no quedarse atrás, lanzó su propia versión del sistema Starlink, bautizada como Qianfan o "Mil Velas". Sin embargo, este ambicioso proyecto arrancó con el pie izquierdo, generando preocupación en la ciencia.

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La misión, que pretende desplegar más de 15.000 dispositivos para brindar internet satelital de alta velocidad, se topó con un obstáculo inesperado: la etapa superior del cohete explotó en órbita.

El 6 de agosto, desde el cosmódromo de Taiyuan, despegó el cohete Gran Marcha-6A llevando los primeros 18 satélites de la constelación Qianfan.

Fragmentos peligrosos en el espacio

Esta explosión no fue un mero contratiempo. Según informó el Comando Espacial de Estados Unidos, se formó una nube de al menos 300 fragmentos a unos 810 km de altitud. La empresa LeoLabs, con sensores más sensibles, elevó esa cifra a más de 600, con estimaciones que llegan a 900 pedazos de escombros.

" Estamos ante la quinta nube de desechos espaciales más grande de la historia", explicó un experto de Slingshot Aerospace. " Estos fragmentos representan una seria amenaza para todos los satélites en órbita baja, incluyendo la Estación Espacial Internacional".

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Aunque las autoridades chinas no dieron explicaciones sobre lo ocurrido, los especialistas barajan hipótesis. El combustible residual podría ser una causa, pero no la única. Lo cierto es que estos escombros tardarán décadas, o incluso siglos, en caer y quemarse en la atmósfera.

¿Ciencia o carrera armamentista?

El proyecto Qianfan no solo busca competir con Starlink en el mercado de internet satelital. Expertos señalan que una constelación tan numerosa sería prácticamente invulnerable a las armas antisatélite convencional, lo que le daría aplicaciones militares potenciales.

"China está asegurando su lugar en la nueva frontera tecnológica", comentó un analista. " Pero el costo ambiental en el espacio podría ser altísimo si no se toman precauciones".

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La comunidad internacional mira con preocupación estos desarrollos. ¿Estamos ante un avance científico crucial o frente a una nueva etapa en la carrera armamentista?

Lo único seguro es que el espacio ya no es territorio exclusivo de unos pocos, y que las consecuencias de esta expansión recién empiezan a vislumbrarse.

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