Los últimos casos endémicos se registraron en 2010 (Argentina) y 2013 (Argelia). Desde entonces, la OMS ha confirmado que no ha habido rebrotes y que sus sistemas sanitarios son capaces de atajar rápidamente uno si se produjera. Es entonces cuando ha certificado que ambos han quedado libres de la enfermedad, algo que ha sucedido con 38 países desde 1962. Otros 61 países directamente forman parte del grupo que nunca tuvo esta enfermedad o que nunca llegó a ser epidemia.
Hay dos particularidades de esta enfermedad que hace que algunos países sean más proclives a sufrir esta enfermedad que otros. En primer lugar, el mosquito Anopheles, que transmite el parásito que causa la enfermedad, vive en zonas cálidas. Es por eso que la malaria registró 219 millones de casos y mató a 435.000 personas en 2017, el 90% de ellas en África.
Pero además del calor, es importante la falta de recursos a nivel sanitario, lo que genera que haya menos posibilidades de curarla antes de que se expanda. Esto es claro en el caso de Venezuela, un país que ha demostrado el resurgimiento de esta enfermedad a raíz de la gran crisis social, económica y de salubridad que se está viviendo.
"Argelia y Argentina han eliminado la malaria gracias al compromiso inquebrantable y la perseverancia de las personas y los líderes de ambos países. Su éxito sirve como modelo para otros que trabajan para acabar con esta enfermedad de una vez para siempre", subraya Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS.
Para erradicar la malaria y las enfermedades son relativamente simples las medidas que se pueden tomar. Se aplican las primeras medidas básicas en higiene, mosquiteras y tratamiento, y el descenso suele llegar rápido. Pero a medida que bajan las infecciones y las muertes, cada vez es más complicado seguir progresando y fue en los años 70 aproximadamente que la Argentina se puso en campaña con diferentes medidas para finalmente lograr erradicar esta enfermedad.