La famosa “Spike” ha sido el centro de los estudios sobre los cambios en el patógeno. Pero los autores de la publicación “Evolución de la evasión inmunitaria innata mejorada por la variante del Reino Unido del SRAS-CoV-2 B.1.1.7” pusieron atención en otras mutaciones.
Alfa tiene 23 ajustes genéticos que la distinguen de otras versiones, nueve en la proteína de pico.
No obstante, estas no son las únicas modificaciones que tiene Alfa. Los investigadores también observaron que afecta la respuesta inmune.
El equipo del virólogo de University College London, Gregory Towers, cultivó coronavirus en células pulmonares humanas y comparó las infectadas con alfa con las infectadas con variantes previas.
Los científicos descubrieron que la nueva variante producía menos interferón, que es una de las proteínas que activa las defensas inmunitarias. Asimismo descubrieron que, en las células infectadas con Alfa, los genes defensivos normalmente activados por el interferón eran más silenciosos que en las células infectadas con otras variantes.
De alguna manera, el virus “se está volviendo más invisible”, dijo Towers.
La investigación
Luego de infectar células pulmonares con Alfa en comparación con otras cepas, los investigadores notaron que con la nueva variante se generaban 80 veces más copias de un gen llamado Orf9b.
Este gen produce una proteína viral que se fija a una proteína humana llamada Tom70. A su vez, la Tom70 es esencial para la liberación de interferón.
Cuando finalmente ocurre la respuesta inmune, las personas que contrajeron coronavirus Alfa tienen una reacción más robusta que con otras variantes. Por este motivo, arrojan mucosidad cargada de virus a través de la boca y la nariz, lo que propicia la difusión de la enfermedad.
El equipo de científicos comenzó experimentos similares con otras variantes, incluida la identificada por primera vez en Sudáfrica, conocida como Beta, y la primera identificada en India, conocida como Delta.
Todavía no se han publicado las investigaciones, pero los resultados preliminares indican que, aunque Beta y Delta reducen el interferón, no lo hacen a través de las proteínas Orf9b.
Es decir que es posible que hayan desarrollado de forma independiente sus propios trucos para manipular al sistema inmunológico.
El nuevo conocimiento acerca de la COVID-19 no solo ayuda a comprender con qué enfermedad se está lidiando, sino también a diseñar mejores vacunas.