Los nanotecnólogos resolvieron este problema creando para las nanopartículas una cobertura compuesta por una membrana celular de eritrocitos. La cobertura protege a las nanopartículas de los leucocitos y mejora su capacidad de absorber las moléculas del veneno que intentan destruir los eritrocitos.
La esponja fue probada en ratones a los que se les inyectó el estafilococo áureo. Las nanopartículas permanecieron más de 40 horas en la sangre de los ratones y absorbieron la mayor parte de las toxinas. Después de desintegrarse las partículas, la nanocobertura fue transferida al hígado, donde las toxinas fueron neutralizadas. Actualmente científicos planean aplicar la nueva técnica en pruebas clínicas.