El THC es el principal componente activo de la marihuana.
Para realizar la investigación, los bioquímicos españoles inyectaron una dosis cotidiana de THC en ratones que habían sido previamente infectados con tumores cancerosos humanos de 250 milímetros cúbicos.
Al inocularse el THC cerca del tumor, se desencadenó un proceso de autofagia de las células cancerosas, que se autodestruyeron encerrándose en vesículas de doble membrana, para ser digeridas y destruidas luego por los lisosomas.
Los tumores introducidos en los ratones incluían gliomas, el tipo más frecuente de cáncer cerebral, y células de cáncer de páncreas y de mama.
“La administración de THC redujo en más de 80 por ciento el crecimiento de tumores derivados de diferentes tipos de células cancerosas”, aseguraron los investigadores.
Recientemente, realizaron un ensayo clínico sobre dos pacientes afectados por un cáncer cerebral recurrente muy agresivo.
“Les aplicaron una inyección intracraneana de THC entre 26 y 30 días, obteniendo como resultado “un proceso de muerte de células por autofagia”, esto fue comprobado gracias al análisis de las biopsias realizadas antes y después del tratamiento.
“Mostramos que los canabinoides, una nueva familia de potenciales agentes antitumores, provocan una autofagia de células cancerosas, en un proceso que lleva a la muerte de las células”, escribieron los científicos en sus conclusiones.
“En general, nuestras conclusiones demuestran que la autofagia juega un papel de primera importancia en la destrucción de células cancerosas tratadas con THC”, agregaron.