Los científicos están estudiando si las terapias destinadas a modificar la microbiota podrían ayudar a prevenir o tratar esta enfermedad, concepto que algunos investigadores y empresas ya están probando en ensayos clínicos.
"Cada vez son más numerosas las pruebas que han implicado al eje cerebro-intestino como el origen de la enfermedad de Parkinson", asevera un artículo de la Facultad de Medicina Johns Hopkins.
¿Cuál es la causa del Parkinson?
El Parkinson es causado por la concentración de una proteína (α-sinucleína o alfa-sinucleína), en las neuronas del cerebro.
A medida que estas proteínas se van concentrando producen la muerte neuronal y dejan como secuela la pérdida de la sustancia negra y los agregados tóxicos llamados cuerpos de Lewy.
Las causas no se comprenden completamente, aunque lo más probable es que se trate de una combinación compleja de factores genéticos y ambientales.
Se han observado depósitos de cuerpos de Lewy en neuronas productoras de dopamina muertas y moribundas, pero se desconoce su papel preciso.
Actualmente, el trastorno no tiene cura, aunque sus síntomas pueden controlarse con medicamentos y fisioterapia.
Parkinson e intestino
En 1817, el cirujano inglés James Parkinson describió los primeros casos de la enfermedad. Un individuo había desarrollado entumecimiento y sensación de hormigueo en ambos brazos.
El médico notó que el abdomen del hombre parecía contener una “acumulación considerable”. Le dio un laxante y diez días después sus intestinos estaban vacíos y sus síntomas habían desaparecido. Posiblemente, Parkinson puso el foco en un aspecto clave.
Algunas personas que desarrollan la enfermedad experimentan estreñimiento mucho antes de desarrollar problemas de movilidad. De hecho, muchos investigadores han aceptado la idea de que la enfermedad comienza en el intestino, aunque la teoría aún no goza de consenso.
En 2015, el neurólogo Robert Friedland propuso una nueva hipótesis. Junto a sus colegas alimentaron a ratas con una cepa particular de Escherichia coli que produce una de las proteínas que se acumulan en el cerebro de una persona con Parkinson.
Vieron que el microbio se acumulaba en el intestino, así también como en el cerebro de los animales.
Todavía no está claro cómo esa señal en el intestino llega al cerebro, pero un conducto probable es el nervio vago: conecta el tronco encefálico con muchos órganos, incluido el colon, lo que lo convierte en el más largo de los doce nervios craneales que transportan señales entre el cerebro y el resto del cuerpo.
No obstante, el Parkinson es una enfermedad compleja que se presenta de manera diferente en diferentes personas.
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