Es entendible: estamos ante un cambio de paradigma que cuestiona la esencia misma de la industria fashion, tradicionalmente construida sobre la belleza humana, la diversidad corporal y las historias reales.
La batalla por la autenticidad recién empieza
La polémica toca un nervio sensible: ¿estamos creando estándares de belleza aún más inalcanzables? Los críticos argumentan que estas modelos digitales refuerzan estereotipos imposibles de alcanzar y excluyen la diversidad que tanto costó conquistar en las pasarelas. Del otro lado, los defensores ven una herramienta creativa revolucionaria que amplía los horizontes estéticos sin límites físicos.
Seraphinne Vallora no escondió su euforia en redes , agradeciendo a Marciano por "dar la oportunidad de mostrarle al mundo" su visión futurista. "Trabajamos con una marca que admiramos desde niños", expresaron, como si fuera una modelo real cumpliendo el sueño de su vida.
La pregunta ya no es si las modelos digitales van a coexistir con las reales, sino cuánto tiempo tardará la industria en redefinir completamente sus reglas del juego.
Pero seamos claros: Vogue y Guess son unos hipócritas de manual. Durante décadas vendieron "diversidad" e "inclusión" como bandera progresista, llenándose la boca con discursos sobre body positive y representación real. Es la hipocresía fashion en su máxima expresión: predican autenticidad mientras manufacturan fantasías digitales que hacen que los filtros de Instagram parezcan amateur.
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