Hasta el momento, la Estimulación Cerebral Profunda ha sido utilizada para tratar la enfermedad de Parkinson, el temblor esencial o la distonia. Pero ahora, varios científicos en USA y alrededor del mundo están experimentando con la tecnología en casos de patologías psiquiátricas como la depresión o el trastorno obsesivo compulsivo. "El potencial de la tecnología para modificar el estado de ánimo de manera instantánea y poderosa plantea dilemas éticos, sociales y culturales", escribieron los autores del artículo.
Entrevistado por NPR, el especialista en neuroética, James Giordano, jefe del Programa de Estudios de la Neuroética del Centro Médico de la Universidad de Georgetown, explicó que aunque aún no esté aprobado por la agencia de Administración de Alimentos y Medicamentos de USA, muchos estudios han hallado que la Estimulación Cerebral Profunda puede ser efectiva para tratar trastornos como el síndrome de Tourettes, el desorden obsesivo compulsivo y la depresión.
En comparación con los medicamentos como Prozac, utilizados para tratar de la depresión, apunta Giordano, la estimulación cerebral puede ser mucho más específica y precisa. Esta capacidad de especificidad es lo que lo vuelve un tratamiento poderoso, y como toda herramienta poderosa, conlleva mucha responsabilidad.
En cuanto a los riesgos que presenta la tecnología, el especialista explica que "se trata de una neurocirugía, y ciertamente conlleva riesgos como la infección, problemas en el procedimiento", aedmás del riesgo de que "al estimular la zona X, podría haber un efecto secundario que module otras cosas complementarias a eso, como la personalidad, el temperamento, el carácter, las preferencias personales."
Como ejemplo, relata, hubo una persona a quien no le gustaba para nada Johnny Cash ni la música country y, tras un implante en el cerebro para un trastorno del movimiento, se enamoró de la música y la estética de Johnny Cash.