Actualmente, esa clase de comprobaciones de seguridad consumen una cantidad considerable de batería y de capacidad de procesamiento que podrían empezar a ahorrarse, abriendo así nuevas fronteras para la electrónica de baja potencia.
Además, funciona literalmente a la velocidad de la luz, porque el vidrio distingue entre diferentes imágenes al distorsionar las ondas de luz.
"El verdadero poder de esta tecnología – señala Ming Yuan, coautor del estudio – radica en su capacidad para manejar tareas de clasificación mucho más complejas al instante sin ningún consumo de energía. Estas tareas son la clave para crear inteligencia artificial: enseñar a los vehículos sin conductor a reconocer una señal de tráfico, a permitir el control de voz en dispositivos de consumo, entre muchos otros ejemplos”.
La manipulación de la luz es la clave del asunto, a través de diferentes técnicas se puede prescindir de las redes neuronales y enseñarle a un material analógico a diferencias entre una serie de imágenes.
Dentro del vidrio se encuentran pequeñas burbujas e impurezas de materiales capaces de absorber la luz, en diferentes formas y tamaños, pero situados estratégicamente para distorcionar la luz y dirigirla hasta concentrarla en un punto específico del extremo contrario que actuaría como indicador.
El entrenamiento que reciben las piezas es a prueba y error: a través de un proceso largo y computacionalmente complejo, los científicos varían constantemente la disposición de las burbujas e impurezas hasta obtener el resultado buscado.
Los creadores fueron aún más allá y lograron que el prototipo actualice en tiempo real sus resultados.
Esta nueva tecnología dará lugar a nuevas invenciones que prometen ser muy rentables (al estar fabricados de un material económico y fácil de manipular), y aunque aún este en desarrollo y dando sus primeros pasos, no tardará mucho en estar presente en nuestros objetos de uso cotidiano.