Según Lykken, este fenómeno obedece a la inestabilidad del vacío, un fenómeno que podría fundir un universo alterno con el nuestro y para el cual se han realizado cálculos a partir de la masa del bosón de Higgs (126 mil millones de electronvoltio o 126 veces la masa de un protón). Si Lykken no se equivoca, existe la posibilidad de que nuestro universo sea consumido por una fluctuación cuántica, esto es, una burbuja de baja energía que se expande a la velocidad de la luz y en cuyo crecimiento arrasa con todo lo que encuentre.
“Una pequeña burbuja de lo que se podría considerar como un “universo alterno” aparecerá en algún lugar y se expandirá hasta destruirnos”, explicó el científico. Su predicción, por cierto, se fija en varias decenas de miles de millones de años en el futuro.
Este desolador escenario se explica porque siendo el bosón de Higgs una especie de partícula primordial, su campo se encuentra por todos lados (según explica Clara Moskowitz), por lo cual afecta el vacío del espacio-tiempo vacío del universo. “Su masa es justo lo que se necesita para hacer el universo fundamentalmente inestable”, dice Moskowitz.
Cerrada por dos años
Después de tres años de funcionamiento, aunque no ininterrumpido, y de abrir nuevas puertas a la física, el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN) ha dado un descanso al gran acelerador de partículas (LHC), coloquialmente conocido como la máquina de Dios.
La potente infraestructura, en la que chocan haces de protones a una velocidad próxima a la de la luz y con una energía capaz de recrear los instantes posteriores al Big bang, permanecerá inactiva durante dos años para someterse a trabajos de renovación y mejora. Después de esta pausa tendrá capacidad para superar todos los límites y alcanzar una energía de 14 teraelectronvoltios, casi el doble de la actual, con lo que, teóricamente, llevará a la física a otra dimensión.
Pero, pese a funcionar hasta ahora a medio rendimiento, el LHC ya ha superado todas las expectativas. Su mayor contribución fue el hallazgo, con una certeza cercana al 99,9 %, del bosón de Higgs, la partícula divina que origina la masa y sobre cuya presencia, hasta ahora teórica, se había sustentado el modelo estándar de la física.
"Tenemos todas las razones para estar muy satisfechos de los primeros tres años de explotación del LHC", subrayó ayer Rolf Heuer, el director general del CERN. "La máquina, los experimentos, las instalaciones informáticas y todas las infraestructuras -añadió-, han funcionado extremadamente bien y ahora tenemos un descubrimiento científico mayor".
El hecho de que el acelerador permanezca parado no significará, sin embargo, que los científicos que están a su cargo queden ociosos. Más bien al contrario. Ahora tendrán la oportunidad de analizar los 100 petabytes de datos almacenados tras la colisión de las partículas. Equivalen a guardar películas de alta definición durante 700 años.