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Pésimo Rousseff: Eliminaría 33% de la mayor reserva de Brasil

Buscando resolver los conflictos de tierras en la Amazonia, en vez de aplicar la ley y el orden, la presidente Dilma Rousseff pretende quitarle a un parque nacional (Flona de Jamanxim) una superficie equivalente a 3 veces el ta

A principios de 2006, un decreto del entonces presidente Luiz Inácio Lula da Silva creó la Floresta Nacional (NF) del Jamanxim, el más grande de un conjunto de unidades de conservación, en el sur de Pará, que ayudaría a contener la propagación de las motosierras en el Amazonas. Pero, apenas 6 años más tarde, el gobierno de Dilma Rousseff estudia sacar un pedazo de la Flona de hasta 3 veces el tamaño de la ciudad de São Paulo para resolver la disputa de tierras en la región.

Debe recordarse que casi todas esas disputas provienen de personas que hacen uso ilegal de las tierras. O sea que Dilma planifica destrozar una porción de reserva natural para resolver los problemas ocasionados por gente ilegal. Un disparate de parte de una Presidente que ya ha dado notables demostraciones de desinterés por las cuestiones ambientales. Y, por cierto, le quedó muy grande el Río+20.

La decisión tiene todo para convertirse en histórica. Más que el tercio de la mayor Floresta Nacional del país, de poco más de 1,3 millón de hectáreas, está en juego el destino de la política de lucha contra la deforestación en el Amazonas. Los ambientalistas verán en ella, sin duda, el comienzo de la disolución de las áreas protegidas, cuyo ritmo de creación cayó en picada desde el comienzo del gobierno de Dilma.

El problema es algo más complicado. Gran parte de las unidades de conservación creadas en los últimos años no concluyó el proceso de regularización de la tierra. Hay millones y millones en indemnización a pagar. Los reclamos por tierras en el interior de esas áreas protegidas, que implica una reducción de las áreas protegidas, pueden llegar a 1 millón de hectáreas sólo en el sur de Pará, según estimaciones preliminares.

"Hay situaciones que deben ser corregidas", dice la ministro de Medio Ambiente, Izabella Teixeira. "Pero tenemos que separar el trigo de la paja, para ver quién tiene el derecho a poseer la tierra y quien la ocupó ilegalmente, para especular y deforestar. Hay mucho interés en la apropiación de tierras en el área".

El asunto está en estudio en el Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad (ICMBio, curiosamente Chico Mendes fue asesinado por defender la necesidad de preservar la Amazonia, y los responsables fueron depredadores terratenientes), dependiente del Ministerio y luego definirá la Presidente.

Mientras la decisión no salga, la Flona de Jamanxim abriga rebaños y flora degradados, además de producción de café, maíz y arroz donde, por ley, la única actividad económica debería ser el uso sustentable de productos autóctonos. Ridículo ya de por sí eso que se está haciendo ahora.

Amenazas

Hacia mayo de 2012, según los últimos datos de deforestación del Instituto del Hombre y el Medio Ambiente en la Amazonía (Imazon), la Jamanxim perdió 1 km2 de floresta; la 2da. mayor tala de árboles detectada en áreas protegidas en ese mes-.

Al final del gobierno de Lula, hubo 2 operaciones encubiertas dentro de la Flona, en un intento de frenar la tala ilegal en la unidad. En esas operaciones, los animales fueron confiscados y subastados por el gobierno.

"Tenemos una producción diversificada", defiende Nelci Rodrigues, una de los líderes del movimiento para excluir áreas de producción de la Flona. Paranaense, ella ocupa una superficie de 2.400 hectáreas, pero sostiene que sólo ocupaciones de 1.100 hectáreas deben ser reconocidas, de acuerdo con el límite de la ley de tenencia de tierra en la Amazonía.

Ambientalistas y matemáticos del Imperial College London, la Sociedad Zoológica de Londres y la Universidad Rockefeller (USA) crearon la fórmula para calcular el débito de extinción en la Amazonia.

Entonces crearon 4 escenarios para el año 2050.

El mejor de ellos es la promesa del gobierno de Brasil de que toda la deforestación cesará en 2020. En ese escenario, los ecosistemas locales habrán perdido un promedio de 12 especies y otras 19 estarán condenadas al final de estas casi 4 décadas.

En el peor escenario, sin ningún tipo de regulación gubernamental, las especies locales pueden desaparecer por completo fuera de las áreas de conservación.

Pero ahora se trata de destrozar también las áreas de conservación.

Lobby

Ocupantes ilegales de Jamanxim ejercen un fuerte lobby en el Congreso, recibiendo el sospechoso apoyo de parlamentarios aliados del Partido dos Trabalhadores.

El congresista Zé Geraldo (PT-Pará) pasó de defensor de la creación de la Flona, en días de Lula, a abogado del área.

"Fue un trago amargo, necesario en ese momento para contener la apropiación de tierra desenfrenada y el frente de deforestación", recuerda el diputado.

Geraldo estima que alrededor de 500 familias reclaman que se les reconozca (legalicen) sus posesiones. Además, según él, el área dentro de la Flona cuya ocupación debería ser reconocida, en ese caso, alcanza a 600.000 hectáreas, casi la mitad del territorio de Jamanxim.

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Un documento enviado a la ministra Izabella Teixeira por la abogada de los ocupantes de la Flona, Samantha Pineda, sostiene que las personas que reclaman la propiedad de la tierra se sintieron atraídas por el propio gobierno federal para ocupar la Amazonia en la década de 1970.

"La apertura de la (carretera) BR-163 fue la promesa de que la región sería realmente centro de los recursos para el desarrollo", afirma el texto que así reclama la legalidad de su ocupación ilegal.

Varias áreas protegidas en el sur y el oeste de Pará, fueron creadas para evitar la propagación de la deforestación después de la pavimentación de la carretera que une Cuiabá y Santarém.

Una gran extinción

Las peores consecuencias sufridas por la deforestación del Amazonas a lo largo de 30 años aún están por venir.

Hacia el año 2050 , quedarán extinguidas entre 80% y 90% de las especies de mamíferos, aves, anfibios previstos en el lugar donde ya se ha perdido vegetación.

La buena noticia es que hay tiempo para actuar y evitar que realmente desaparezcan, segun advierte un estudio publicado en la revista Science.

Regresando a las investigaciones de los científicos de Gran Bretaña y USA, el trío consideró las tasas de deforestación en la Amazonia, desde 1978 hasta 2008, y tuvo en cuenta la relación entre especies y área. Resulta que los animales tienen movilidad, pueden migrar a lugares vecinos al degradado. Ya en ese nuevo lugar tratan de sobrevivir compitiendo por los recursos con los animales que ya estaban en el lugar, por lo que la desaparición no será inmediata, pudiendo demorar décadas en concretarse, pero es inexorable.

Y esa diferencia, que los investigadores llaman débito de extinción, es la clave del trabajo.

A grandes rasgos, se trata de una deuda que debía pagarse -en especies animales- a causa de la deforestación del pasado. La idea por detrás del término es, a la vez, mostrar lo que podría suceder si solo el proceso de extinción siguiera su camino y estimar el destino de esas especies que dependen de los bosques, considerando otros escenarios de acciones.

Pero, en lugar de calcular para todo la Amazonia, algo que sería un problema porque hay una diferencia de riqueza de la biodiversidad, los autores trazaron los 9 estados en perímetros de 50 Km2, con el fin de estimar los impactos locales. Una especie sólo puede extinguirse en un área determinada, pero eso no significa que haya desaparecido por completo.

El trabajo no apunta a la extinción de ninguna especie en la Amazonia, explica el ecologista Robert Ewers, del Imperial College de Londres, quien dirigió el estudio. "Una razón para esto es que la deforestación se concentró en el sur y en el este de la Amazonia, mientras que la mayor diversidad de especies se encuentra en el oeste de la región. Pero no hay duda de que muchas se han extinguido localmente, donde la deforestación fue más pesada".

La peor hipótesis, la del business as usual, considera la continuidad del modelo de la expansión de la agricultura; en el mejor de los casos, la deforestación llegará a 0 hacia el año 2020: esos son los 2 extremos del trabajo.

Los investigadores proponen, sin embargo, que el escenario más realista es el que considera la permanencia del gobierno en la zona, o sea, de las acciones del gobierno que condujeron a la disminución de la deforestación en los últimos años. Precisamente lo grave de la decisión que planifica el gobierno de Dilma Rousseff es que cambia el enfoque del Estado en la zona damnificada, modificando notablemente la ecuación de expectativa ambiental.

Britaldo Silveira Soares Filho, de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), comentó el estudio en la propia Science.

Según el investigador, el modelo es útil para planificación, pero ningún modelo es perfecto.

En primer lugar, el 50% de la selva amazónica se encuentra protegida ahora; y en segundo lugar, el aumento de políticas verdes en Brasil hace que estas predicciones parezcan improbables&quot.

Pero eso es lo que está cambiando, y es muy grave. Pero incluso en el caso de que permanezca el Estado resguardando las reservas naturales, es de esperar que las especies desaparezcan.

En 2050, los investigadores estiman que a nivel local, en los perímetros de 50 km2 pueden desaparecer de 6 a 12 especies de mamíferos, aves y anfibios, en promedio; mientras que de 12 a 19 pueden entrar en la cuenta de que puede extinguirse en los años siguientes.

Ellos hacen hincapié en que esto no ha ocurrido todavía y acciones que mejoren las áreas de conservación y promuevan la restauración de áreas degradadas tienen el potencial de prevenir los daños.

En otro artículo en Science, que comenta ese trabajo, Thiago Rangel, de la Universidad Federal de Goiás, considera que la situación actual es incierta. "El gobierno va a invertir fuertemente en infraestructura, se prevén 22 represas de gran porte, se están reduciendo las áreas de conservación y el Código Forestal será más flexible. La trayectoria de los diez años que han pasado dio señales optimistas, pero son los próximos diez años van a decir qué va a suceder".

Los investigadores británicos y estadounidenses, por otro lado, argumentan que el modelo proporciona una ventana de oportunidades para salvar a esas especies. "Me gustaría pensar que la gente va a mirar los datos y decir 'ahora sabemos exactamente dónde los mayores débitos de la extinción', y podemos centrarnos en estas áreas específicas para conservar las especies que todavía están allí", dice Robert Ewers, líder del estudio, a la web de la revista Nature.

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