La catástrofe ocurrió el 20/04/10 en la Deepwater Horizon -plataforma petrolera de propiedad de BP-, causó la muerte de 11 personas y causó el sobreviniente derrame de crudo. Su magnitud rebasó las consecuencias del naufragio del buque cisterna Exxon Valdez junto al litoral de Alaska, en 1989, cuando del buque encallado se vertieron 260.000 barriles de petróleo.
Poco después de la avería, BP creó un fondo por US$ 20.000 millones, del que se están pagando las compensaciones del acuerdo que se logró alcanzar en marzo de este año. Las demandas a BP fueron interpuestas por una comisión que representa los intereses de las de 100.000 personas físicas y jurídicas.
Se trata en particular de propietarios de viviendas, de hoteles y de otros centros de turismo. Los pesqueros también recibirán compensaciones. Unas 17.000 personas demandaron una compensación por daños causados a la salud. Dentro de la suma figuran también los honorarios de los abogados que representan los intereses de las corporaciones y que ascienden a US$ 600 millones.
En definitiva, el gigante petrolero BP anunció este miércoles (18/04) que llegó a un acuerdo para saldar por US$ 7.800 millones las miles de demandas entabladas como consecuencia del derrame petrolero, ocurrido en el Golfo de México en 2010. El acuerdo extrajudicial, que todavía debe ser aprobado por un juez, pondría fin a "una mayoría sustancial de demandas por cuidados médicos y pérdidas económicas privadas, derivadas del accidente de (la plataforma) Deepwater Horizon y el derrame de petróleo", señala BP en un comunicado.
El acuerdo no incluye multas y demandas del gobierno federal estadounidense, estados costeños y gobiernos locales afectados por el derrame y que se anticipa alcanzarían decenas de miles de millones de dólares.Tampoco incluye juicios entablados por accionistas u otros, que buscan ser compensados por la moratoria en la perforación, impuesta luego del peor desastre ambiental en la historia de USA.
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De todos modos, BP dijo que no se espera que el acuerdo implique un incremento en la carga de US$ 37.200 millones contabilizada (el fondo actualizado) para cubrir los costos del masivo derrame, que afectó las playas de 5 estados del país y devastó a la industria pesquera y turística de la Costa del Golfo.
"BP se comprometió a participar en el esfuerzo de rehabilitación económica y ecológica del Golfo y este acuerdo constituye un marco para cumplir nuestras promesas", dijo el presidente del gigante petrolero, Bob Dudley.
Pero el problema no se soluciona sólo con dinero. Las compensaciones son necesarias, sin duda, pero cada vez más se asemejan a costos ya descontados. Sin duda corresponde sacar lecciones de tales catástrofes para evitar que estas se repitan, pero el mundo necesita petróleo y, para extraerlo, las compañías optan por riesgos cada vez mayores por lo que, de no existir mayores regulaciones en una industria que no las experimentará en el actual contexto económico del mundo, casos como este tienen todo el potencial de volver a ocurrir. Este permance como tema pendiente.
Es el reflejo del desarrollo general de la rama petrolera. Si uno se dedica a asuntos pioneros como este, se asumen determinados riesgos, lo que significa que el riesgo de las catástrofes es superior. Un extremo importante es la influencia de esa catástrofe sobre la ecología. Sabemos que existe una oposición entre petroleros y ecólogos. Los primeros pugnan por el desarrollo acelerado de proyectos, mientras que los ecólogos hablan de que es necesario pensar en los riesgos ecológicos, y ponerlos, consecuentemente, en el primer lugar. Vienen ganando los primeros.
En realidad, los ecólogos han propiciado siempre, en especial después de la avería en la plataforma Deepwater Horizon, un control más riguroso de las compañías petroleras. Para los ecologistas la lección debe ser la siguiente: un control severo de la perforación de los pozos y de la calidad de la solución que se emplea en el cementado de las tuberías.
Es que las consecuencias del derrame se sienten aún hoy, 2 años más tarde. Unas 48.000 personas trabajaron en las labores de limpieza y muchos de ellos se quejan ahora de problemas de salud.
Claro es el ejemplo de Jorey Danos, quien guarda su recuerdo de la catástrofe en un tarro de mermelada con un signo de calavera. "Es petróleo que pesqué tras la explosión de la plataforma Deepwater Horizon" y que se ha convertido en su drama personal, cuenta el estadounidense oriundo de Lousiana. No lo guarda sólo como souvenir. Es, más que todo, una prueba.
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Dos años después de la peor marea negra de la historia estadounidense, apenas se ven rastros del accidente en la costa del golfo. Y Danos fue uno de los que ayudó a retirarlos. Desde entonces, el padre de familia asegura que está crónicamente enfermo y espera poder obtener una indemnización, en el marco del acuerdo alcanzado en marzo entre la petrolera BP y representantes de unos 100.000 denunciantes.
"Con 32 años ya estoy en la reserva", cuenta Danos, sentado en el sofá de la caravana que comparte con su mujer y 3 hijas en la pantanosa Chackbay. Sobre sus finas rodillas sostiene su laptop para mostrar un video grabado por su mujer en el que se ve cómo se convulsiona en el suelo. "Así empezó todo, el pasado agosto", recuerda. Convulsiones, ataques de ansiedad, falta de sueño, tos, pérdida de peso. El diagnóstico médico fue claro: envenenamiento. Danos está convencido que en los trabajos de limpieza estuvo en contacto con sustancias peligrosas para la salud.
El consorcio británico rechaza las acusaciones y asegura que "los datos de control del gobierno o de fuentes privadas son una prueba concluyente de que los trabajadores en la limpieza y los habitantes del golfo no estuvieron expuestos a petróleo o disolventes con valores que superaran los límites impuestos", explicó una portavoz a dpa. Pese a todo, con el acuerdo reciente, el grupo accedió a pagar compensaciones.
Danos muestra los resultados de sus análisis de sangre: benceno, etilobenceno, hexano.... el listado parece un libro de química. "Son compuestos químicos que se encuentran también en el Corexit y en el crudo. Y pasan de un cuerpo a otro simplemente durante una conversación".
Mientras tanto, numerosos cooperantes han denunciado problemas de salud, según afirman juristas y médicos. "La mayoría son erupciones cutáneas. Otros sufren dolor de cabeza, desorientación, problemas de memoria o enfermedades de las vías respiratorias", explica Gina Solomon, de la universidad de California, que estudia las consecuencias de la marea negra.
Se tardó 88 días hasta cerrar finalmente la filtración de la fuente de petróleo en las profundidades del océano. Y durante ese tiempo se filtraron unos 780 millones de litros de crudo, que contaminaron franjas de costa de 5 estados estadounidense y provocaron daños a la industria pesquera y turística.
Danos trabajaba entonces a unos 12 kilómetros de la perforación, con la tarea de impedir que se extendiera la mancha poniendo barreras. Pagaban US$ 300 al día, una oferta seductora para los trabajadores ocasionales, piensa hoy. Su deseo de ganar dinero le ayudó a soportar el duro trabajo durante 4 meses. El dinero vuelve a ser la válvula de seguridad de BP.
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"Los aviones nos rociaron Corexit en medio de un fuerte viento en 4 ocasiones", cuenta Danos. Los trajes protectores eran insuficientes. "No llevábamos máscaras para no llamar la atención", cuenta. El disolvente Corexit es más inofensivo que un detergente lavavajillas, le dijeron. "Pero ¿cómo puede ser que mi madre haya lavado toda su vida la vajilla y no haya sufrido los sarpullidos que se extendieron rápidamente por mi cuerpo?", se pregunta.
Danos acudió a un médico asumiendo los costes y desde entonces está mejor, pero sigue sintiéndose débil y sufriendo espasmos. El padre de familia perdió su trabajo en una fábrica y también el seguro médico y los ahorros se esfumaron.
El acuerdo que alcanzó BP con los habitantes de la zona, entre los que repartirá US$ 7.800 millones no le consuela. De la compensación que BP y los representantes de unos 100.000 denunciantes acordaron el mes pasado obtendrá beneficios económicos y sanitarios, pero para ello tendrá que probar que la marea negra fue la causa de su estado actual.
El jurista Blaine Lecesne, que se ocupa de las denuncias, prevé una dura lucha contra BP. "Es extremadamente difícil probar que el contacto con el petróleo es la causa de una enfermedad crónica", opina el experto en indemnizaciones. Pero Danos está decidido: "Conseguiré la prueba (...) quiero mostrar a la gente que ahí fuera acecha una crisis sanitaria".
Crisis sanitaria que afecta a la flora y a la fauna de manera nunca antes vista. Existe alarma entre los científicos de USA por la aparición en el Golfo de México de mariscos con graves mutaciones. Se trata sobre todo de gambas que, no sólo carecen de ojos, sino que no tienen nervios ópticos ni conexiones. Y presentan hasta tumores en la cabeza.
Los pescadores han pescado también cangrejos sin pinzas ni ojos o peces con heridas en la piel. Los expertos apuntan como causa a los disolventes tóxicos que BP utilizó para dispersar el petróleo del derrame de 2010.
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"Los pescadores nunca habían visto nada igual", ha explicado el Dr. Jim Cowan a Al Jazeera. "Y en mis 20 años de trabajo sobre el pargo rojo, habré mirado entre 20.000 y 30.000 peces y nunca he visto nada como esto tampoco".
Los pescadores nunca habían visto nada igual. El Dr. Cowan, que pertenece a la Universidad de Louisiana, supo de la existencia de peces con heridas y lesiones por pescadores en noviembre de 2010. Cowan cree que estas especies se han visto afectadas por el derrame de petróleo de BP y por los disolventes que se utilizaron en los trabajos.
Los pescadores, los científicos y los procesadores de mariscos están encontrando en cantidades preocupantes gambas mutadas, cangrejos y peces deformados y ellos creen también que es por las sustancias químicas utilizadas en el desastre de BP.